Informando a las colonias. El sistema social V. Los partidos políticos

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Querida lectora, dejamos la Navidad, un tanto hartos de tanto turrón y mazapán y sin mediación y, lo que es peor, sin descanso alguno, empezamos las rebajas. El dios Consumo, el Baco de nuestra época del que ya te hablé al principio de estas crónicas, sigue de esa forma dándose festines en Occidente con las bacanales que nos preparan, a precio de saldo, los parias del mundo.

 

Ya sé que andarás pensando: «¡Necio, cómo empiezas el año! La Navidad no te ha ablandado el corazón. Dejate de Necedades y, mejor, háblanos del tiempo, que hemos oído que en la capital del Imperio cayó una gran nevada y los aviones no podían despegar.»

 

Te equivocas, querida lectora, precisamente por ese motivo, porque la Navidad me ha ablandado el corazón, pienso en los parias del mundo. Eres tú la que tiene el corazón duro. Tú que prefieres que te hable del tiempo y, de esa forma, pretendes no enterarte de lo que, en cualquier caso, ya sabes, que la ropa, la comida y los aparatos que compramos a diez euros en nuestras tiendas son el trabajo a una peseta de millones de personas en todo el mundo.

 

Eso sí, cuando los sumosacerdotes del Capitalismo deciden que también nosotros, los que celebramos las bacanales del Consumo, tenemos que trabajar a peseta, intentamos rebelarnos y nos quejamos de que están cometiendo con nosotros grandes injusticias. Bien es cierto que, nuestra rebelión y nuestras quejas, tienen escaso éxito.

 

«Pero todo eso, ¿qué tiene que ver con la crónica de hoy?», andarás preguntándote. Mucho, te respondo yo pues son los partidos políticos los que amparan esas decisiones, ordenadas por los sumosacerdotes del Capitalismo; por más que sea verdad también, que tú y yo, entrando a comprar en las tiendas y participando en la bacanal del Consumo, las avalamos.

 

En el Imperio hay dos partidos políticos: Los Demócratas y los Republicanos. Para situarte en el espacio abstracto de la política, el primero vendría a ser la derecha y el segundo la extrema derecha.

 

Los dos defienden básicamente lo mismo: la religión del Capitalismo aunque, en honor a la verdad, mantienen ciertas diferencias, si bien éstas son más bien pequeñas y marcan distintas tan sólo corrientes dentro de la misma dirección.

 

En esas corrientes, los demócratas vienen a ser los Jesuitas del Capitalismo, es decir, tienen ciertos miramientos por los pobres. Por ejemplo, creen que en lugar de una peseta por su trabajo, éstos deberían ganar dos. También ven líneas de apertura en los comportamientos sociales aceptando, entre otras cuestiones, la homosexualidad, incluso en el Ejército del Imperio. Aunque esa aceptación tiene sus límites pues los Demócratas no han hecho aún bandera del matrimonio gay. Por más que te extrañe, el Imperio está tan atrasado que todavía no ha aprobado tal ley.

 

Los Repúblicanos, por su parte, son los Torquemadas y Ayatolás del Capitalismo. La fe en el mercado caiga quien caiga. Su lema es: A peseta el trabajo honrado, mejor si a céntimo. Y nada de sexo, que hasta masturbarse es una infidelidad, como dijo Christine Savonarola O’Donell.

 

Los Demócratas viven instalados en la Navidad todo el año. Para ellos, todo el mundo es bueno. Y eso, tampoco es. Además, a fuerza de no querer molestar a nadie terminan por no hacer nada. Ahí están los sonados fracasos en sus intentos de dar una cobertura sanitaria universal a todos los ciudadanos del Imiperio o los de poner freno a los abusos de Wall Street y la banca.

 

Los Republicanos viven, en cambio, inmersos en un perpetuo Viernes de pasión. Los pobres han venido a sufrir y sólo los ricos tienen derecho al paraíso. Además, para ellos, todo el mundo es Judas, que en estos tiempos se llama Osamba Bin Laden. Su estrategia es la del miedo y si los Demócratas no quieren molestar a nadie con sus políticas, los republicanos intentan imponérselas a la fuerza a todo el mundo, como sucedió en Irak y Afganistán. Eso sí, con mucho dolor y poco éxito.

 

Demócratas y Republicanos se equivocan, no digo en la estrategia, sino en el daño que hacen. Los unos por omisión, los otros por exceso. Aunque para no ser equidistante, creo que unos se equivocan más que otros. No creo que haga falta decir quienes se equivocan más, basta con mirar quien decide las guerras.

 

Los Demócratas se identifican con un burro; los Republicanos con un elefante. Es que ellos siempre tienen que quedar por encima y aparentar más. En la cosa del poder, ambos partidos se lo pasan como en el fútbol, en un contínuo tuya mía, tuya mía, aunque los pedantes llaman alternancia política a esa forma de pasarse el poder de unos.

 

En cuanto a la izquierda, te diré, querida lectora, que no existe en el Imperio por eso no tiene partido alguno que la represente. Bueno para ser exacto, de los 310 millones de personas que viven aquí, sólo 158.513 personas son de izquierdas, las que leen un periódico llamado The Nation.

 

A pesar del actual número de parados, un 18% de la población activa, no parece que vaya a haber ningún cambio en esta cuestión de los partidos políticos, así que, para no cansarte más hoy, dejo aquí esta crónica y te deseo que pases una buena semana y un Féliz y Prospero año 2011.

 

Vale

Máximo Necio nació en Madrid por accidente, como casi todo en su vida. Estudió humanidades en la Universidad Complutense. Al terminar los estudios buscó la erudición a través de la aventura, sin que hasta el momento haya aprendido más que un par de verdades de andar por casa. Tan escaso conocimiento le permite, sin embargo, cierto filibusterismo cultural y mucha, mucha indignación, aunque es más la de los intransigentes que la de los justos. En corregirlo anda.