Informando a las colonias: Mitos y leyendas XIII. Amigos y enemigos

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Querido lector, antes de continuar contándote quiénes son los enemigos de este Imperio, quisiera compartir contigo una necesidad, la de calmar mi inquieto espíritu, alterado como está con esta crisis religiosa del Capitalismo. Aunque supongo que tú también te sentirás inquieto por el mismo motivo y seguramente pensarás, como yo, cuán bien estaría una vida retirada, lejos de las angustias económicas del mundanal ruido.

 

!Ay! ¡Quién pudiera hacer como el Ismael de don Germán Melville que allá por el 1850 se enroló en un barco ballenero y se olvidó de la tumultuosa actividad del resto de los mortales! Aún recuerdo con envidia su relato: “Por lo general, en esta vida ballenera del trópico, a uno le envuelve una sublime tranquilidad: uno no escucha noticias; no lee gacetas ni ediciones extraordinarias de los periódicos con sensacionales retahílas de lugares comunes; jamás se le engaña con excitaciones innecesarias; no se oye hablar de aflicciones domésticas, bancarrotas de pagarés y caídas de las acciones; y uno jamás está preocupado por lo que tiene que comer, porque todas sus comidas, por tres años o más, están cómodamente estibadas en cascos y la lista de platos es inmutable”.

 

¿Ves?, querido lector. A veces pensamos que el siglo XXI es y será diferente y, sin embargo, apenas nada ha cambiado: aún siguen la caza de ballenas, las aflicciones domésticas y la caída de los mercados. Aún más, la mayor preocupación del ser humano continúa siendo la de detener la panza llena, así en el presente como en el futuro. De lo cuál podemos inferir que no cambia nuestra esencia sino la forma. Y cómo yo me dedico a esa, a contaros la forma de este Imperio, prosigo donde me había quedado, dando cuenta de sus enemigos internos.

 

Os hablé la semana pasada de los indios y los ahorradores y de cómo prácticamente se habían extinguido ambos. Hoy, en cambio, os voy a hablar de unos enemigos que comenzaron por un escalón más bajo y, sin embargo, han logrado ahora llegar a la cumbre. Me refiero a los negros.

 

Digo que ellos empezaron por un escalón más bajo pues a los esclavos se les niega hasta la condición de persona que se le reconoce al enemigo. Durante siglos fueron secuestrados en África y traídos a la fuerza a América en uno de los tantos tristes capítulos de la Historia; uno en el que también participó nuestra colonia, Imperio por aquella época.

 

Algunas almas con conciencia y una guerra civil por unas balas de algodón (de la que ya os hablaré algún día) llevaron a los negros a liberarse de su condición de esclavos y subir a la categoría de enemigos. Aún en el año 2000 la proporción de ciudadanos del Imperio de origen africano en las cárceles del país era del 50% a pesar de representar tan sólo el 13% de la población.

 

Mas, como os he dicho anteriormente, al fin parece que los negros han dejado de ser enemigos y han podido llegar a lo más alto del Imperio, es decir a emperadores pues, como bien sabréis, si seguís las noticias y sin necesidad de que aún os haya hablado yo de ello, el actual emperador don Barack Hussein Obama tenía por padre a un señor de Kenia. Para que veáis, querido lector, que en esto de las formas siempre hay esperanza.

 

Existe otro tipo de enemigos que tienen doble condición: pueden ser internos o externos. Me refiero a los terroristas. Los internos han sido casi siempre blancos, aunque en su caso más bien son ellos los que se declaran enemigos del Estado. Tras acusarle de erosionar la libertad de las personas, se erigen en Estados unipersonales, empezándo así a recortar no sólo la libertad sino también la vida de sus conciudadanos. Entre los terroristas blancos más famosos del Imperio figuran Timoteo McVeigh, que con un camión bomba mató a 168 personas en 1995, y Teodoro Juan Kaczynski (Ted para los amigos y Unabomber para el resto del mundo), quien durante veinte años se dedicó a colocar en el correo paquetes bomba, causando la muerte de tres personas y heridas a otras 23.

 

Luego están los terroristas externos que en general han sido y son de religión musulmana y consideran que el Imperio está en una cruzada contra sus países porque guardan las mayores reservas de petróleo del mundo.

 

El más conocido es el archimegarecontraterrorista Osama Bin Laden a quien se atribuye la instigación de los atentados del 11 de septiembre que causaron la muerte de tres mil personas y la caída de los rascacielos más altos de la ciudad, las Torres Gemelas; ataques de los que también supongo habréis oído hablar aunque yo no os haya contado nada hasta ahora.

 

Timoteo McVeigh y Teodoro Juan Kaczynzk fueron detenidos por la Policía. Luego, tras los respectivos procesos judiciales, el primero fue ejecutado y el segundo condenado a cadena perpetua. Sin embargo, Osama Bin Laden sigue en libertad después de nueve años y dos guerras en su nombre. (Esto es lo que se suele llamar, querido lector, matar moscas a cañonazos. Con tan mala puntería, lamentablemente, que quienes mueren no son moscas.)

 

Finalmente os quiero hablar de lo que podríamos llamar el enemigo intermitente, pues unas veces lo es y otras no. Me refiero al emigrante. El emigrante es enemigo cuando traspasa la frontera sin autorización y deja de serlo cuando recibe la bendición para quedarse; una bendición que se llama green card o tarjeta verde.

 

En su estado de enemigo, sobre todo cuando está traspasando la frontera de México, el emigrante se expone a que lo tiroteen ciudadanos del Imperio con un peculiar sentido de la patria. Normalmente, esos ciudadanos proceden de familias que también fueron emigrantes ilegales en su día, pues ya sabéis por la crónica anterior que los pobladores aborígenes fueron exterminados.

 

Como ves, querido lector, hay esperanza en las formas pero sólo hasta cierto punto. Ya lo decía don Segismundo Freud: ¿Cómo va a avanzar el ser humano si todo es a fuerza de reprimir nuestros instintos animales? Cuando hemos logrado domesticar un impulso hay otro que se desmanda.

 

Mas no quiero, querido lector, dejarte atribulado con éste último pensamiento. Sé optimista, que el optimismo no es sólo el padre de toda utopía, también da fuerzas. Y piensa que, a pesar de todo, cuando la crisis económica toca fondo ya sólo queda la recuperación. Feliz semana.

 

Vale

Máximo Necio nació en Madrid por accidente, como casi todo en su vida. Estudió humanidades en la Universidad Complutense. Al terminar los estudios buscó la erudición a través de la aventura, sin que hasta el momento haya aprendido más que un par de verdades de andar por casa. Tan escaso conocimiento le permite, sin embargo, cierto filibusterismo cultural y mucha, mucha indignación, aunque es más la de los intransigentes que la de los justos. En corregirlo anda.