Informando a las colonias. Mitos y leyendas XXIV. Las nuevas cruzadas.

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Querida lectora, se acabó el circo de las óscar y todo salió tan glamuroso o frívolo como esperábamos. Sin embargo, déjame que te apunte un óscar no tan frívolo, el del mejor documental que fue para una obra que se llama Inside job. Para que veas lo serio que es este documental bastan las palabras de su director, don Carlos Fergurson, cuando recogió el premio: Tres años después de la terrible crisis causada por un fraude masivo ni un sólo sumo sacerdote de Wall Street está en la cárcel. Y eso está mal. Para contrarrestar tanta gravedad, inmediatamente después de ese premio, los presentadores del circo dieron el óscar al mejor maquillaje.

 

Con semejantes palabras, no es necesario describirte de qué va el documental, tan sólo recomendarte que si tienes ocasión vayas a verlo. Sobre todo en pantalla grande, impresiona más. Cuando termines de ver la película te darás cuenta que mis exageraciones e hipérboles sobre la religión capitalista en verdad siempre se han quedado cortas en mis crónicas. Supongo que la pequeña diferencia de apreciación estriba en que este pobre cronista que aquí lees todas las semanas sabe de los desmanes de los sumo sacerdotes por el método intuitivo y el director del documental los conoce por el científico.

 

Ya en otras ocasiones hemos hablado de las revueltas y protestas coloniales, tanto las mediorientales, (Egipto, Túnez, Libia, Yemén, Baherein) como las europeas, Grecia, Francia, Portugal, España, Gran Bretaña, Irlanda. La raíz de unas y otras parecen diferentes, las primeras son políticas, las segundas económicas.

 

Sin embargo, si miras bien, querida lectora, estas revueltas y protestas, que por el bien de la Historia y el mal de la geografía, podíamos llamar el levantamiento mediterráneo, tienen algo en común, el hartazgo que tienen unos de la pobreza, el rechazo que hacen los otros a ser empobrecidos.

 

Hay una revuelta parecida estos días en el Imperio de la que los cronistas modernos han informado poco, atareados como han estado con el circo de Hollywood, las tormentas de nieve y los constantes aparatos tecnológicos que una determinada marca produce como si fueran el soma de nuestro mundo feliz.

 

Quizá la revuelta tiene poco éxito en las crónicas porque se está produciendo en el poco glamuroso estado de Wisconsin, situado en el aburrido medioeste estadounidense, donde el frío y las vacas se enseñorean de la tierra.

 

Por una vez, permíteme contradecir a los cronistas modernos, ya sabes el respeto que les tengo, sabios ellos que se dedican a tenerte al día de tales asuntos climáticos, circenses y tecnológicos a los que me acabo de referir. Pero es que, en esta ocasión, creo que lo que se está jugando en Wisconsin es más importante que los aparatitos y video juegos porque lo que se está jugando en Wisconsin es la batalla que los sumo sacerdotes del capitalismo han lanzado para que los trabajadores allí tengan sueldos tan esclavos como los de las colonias chinas.

 

En concreto, no sólo quieren rebajarles los sueldos, también quieren que se costeen su seguro médico y, sobre todo, sus pensiones. Aún más, quieren quitarles el derecho al convenio colectivo, así cada trabajador aislado será más débil y tendrá que aceptar las migajas que les arrojen las empresas.

 

En concreto, lo que quieren los sumo sacerdotes del capitalismo es retornar a los oscuros tiempos de la Edad Media industrial, del siglo XIX y principios del siglo XX, y acabar con las clases medias para dejar tan sólo dos clases, la rica y la pobre, algo parecido a lo que ya existe en muchas colonias, como la de México.

 

Y no te creas que esto lo digo yo, Máximo Necio de la máxima necedad, esto lo dice todo un señor como don Pablo Krugman: Lo que ocurre en Wisconsin es una batalla por el poder. Los sumos sacerdotes de Wall Street y sus partidarios políticos quieren convertir Wisconsin y, posteriormente, Estados Unidos en una oligarquía del tercer mundo.

 

Sí, querida lectora, estás son las nuevas cruzadas que han lanzado los sumo sacerdotes del capitalismo y las estás viviendo en tu misma colonia. Ahora, ya lo sabes, tienes que trabajar dos años más para que banqueros y empresarios engorden sus bolsillos, tengan aviones privados, barcos de recreo y mansiones por medio mundo.

 

En fin, querida lectora, disculpa mi insistencia en estos asuntos pero cuando las barbas del Imperio veas cortar, pon las tuyas a remojar. No dirás que no te lo he advertido. Yo, de momento, continuo con estas crónicas aunque no sé por cuánto tiempo. Ya sé que lo poco agrada y lo mucho cansa y yo empiezo a pensar que te canso y, además, empiezo a estar cansado de tanto escribir y tan poco hacer. No lo dudes, el día que deje estas crónicas me encontrarás en las revueltas, ya sean las de Egipto o las de Wisconsin, todas son una. Acabar con la pobreza, la miseria y la esclavitud, ésta que hoy se disfraza bajo la palabra productividad.

 

Deseándote una semana tranquila, si es que puedes, me despido de ti hasta la próxima crónica.

 

Vale

Máximo Necio nació en Madrid por accidente, como casi todo en su vida. Estudió humanidades en la Universidad Complutense. Al terminar los estudios buscó la erudición a través de la aventura, sin que hasta el momento haya aprendido más que un par de verdades de andar por casa. Tan escaso conocimiento le permite, sin embargo, cierto filibusterismo cultural y mucha, mucha indignación, aunque es más la de los intransigentes que la de los justos. En corregirlo anda.