La música entre costuras

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Cualquier sitio es bueno para escuchar un poco de música en directo. A veces, puedes encontrarte con una sorpresa en un lugar tan insospechado como una tienda de ropa.

 

Elvis altar

 

La vida te da sorpresas. Y el Black Friday también. No es esta una fiesta castiza precisamente, pero tampoco se trata de una vieja tradición anglosajona de estas que somos tan aficionados a importar e incorporar a nuestro folklore. Es una acción de marketing que las multinacionales nos han traído hasta aquí y que funciona bien, porque ayer las tiendas estaban llenas y el gentío, a duras penas y cargado de bolsas, se abría paso por las calles abarrotadas.

 

La sorpresa la tuvimos en Cupid Killer, una tienda de ropa del barrio de Chueca de Madrid, que anoche se convirtió en sala de conciertos. Ya el recibimiento prometía: cava valenciano, dulces y chocolate. Un tocadiscos hacía sonar viejos vinilos del Rey del Rock. En un escenario aforado por los cortinones negros y dorados del probador y vigilados desde las alturas por los dioses de la música en sus altarcitos, los músicos empezaron a tocar, con dos guitarras y una mandolina, canciones americanas para no olvidar la tradición anglosajona.

 

Cupid Killer

 

Cualquier sitio es bueno para vivir la música y el cava no se acababa nunca, así que decidimos quedarnos. No era obligatorio comprar nada, pero cuando estás tanto tiempo en una tienda, te invitan a tomar cava y a escuchar música en directo, sólo puedes salir de allí con una bolsa entre las manos y dispuesto a pelear para abrirte paso por las calles, pero armados con una sonrisa, una camiseta y un blues resonando en la cabeza.

 

@Estivigon

 

Cupid Killer

Nacido en Madrid en septiembre de 1962. A mí y a mi entorno, cada vez nos cuesta más definir a qué me dedico. Periodista de carrera durante quince años en la editorial GyJ, guionista de cine y teatro, productor de contenidos audiovisuales para museos y centros de interpretación, community manager en BMG Rights España, gestionando la identidad digital de un puñado de artistas, y músico. Aunque esto último me queda un poco grande; me considero un aficionado, pero, para bien y para mal, llevo veinte años metido de lleno en esta vorágine en donde me conocen más como Estivi. Discos grabados, conciertos, giras, noches… y muchos amigos.