Latinoamérica sin Prisa

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Claro, es que las cosas son como decidimos que sean y no como son. Que la realidad es más aburrida que la retransmisión de la misma; que nos quedan mejor unos cuantos imaginarios aderezados que una dosis de espejo a la vena. Y así las cosas, en estos días de paseo por la península en la que nací y por la Iberia que nunca será, me sorprendo de ver la manera en que algunos medios proyectan la imagen de Otramérica. Me impacta especialmente el péndulo autodestructivo de El País, quizá porque durante un tiempo manché sus páginas de borrones aún ingenuos e iniciáticos. Ya me he acostumbrado a los descargos de Miguel Ángel Bastenier, el gurú de casi todo y hombre inteligente pero demasiado eurocéntrico como para permitir que la realidad no coincida con sus sentencias. En los últimos meses, además de tratar de discapacitado mental a Evo Morales en más de una ocasión (es que lo indígena despierta por acá sentimientos atávicos todavía), ha dado un giro respecto a Álvaro Uribe, que le otorgó por su gracia y gloria la nacionalidad colombiana al entonces afecto articulista. Hoy ya no queda bien apoyar al presidente democrático de Colombia cuando la roña de la guerra sucia contra las FARC salpica a su gobierno, a su partido y a todo el que le da la mano.

 

En su análisis del año 2009, condensado en EPS, Luis Prados ventiló a América Latina en un párrafo largo en el que destacaba los éxitos y la prosperidad que había llevado Uribe a Colombia (Prados aún no se enteró de que hasta Vagas Llosa le ha retirado los afectos al Virrey de Bogotá) y cargaba con todos los que para él deben cuadrar en el imaginario clásico del dictador latinoamericano. Ni siquiera pareció importante Brasil, la neopotencia que tiene enamorado a medio mundo. Por si fuera poco, el diario de Prisa decidió terminar el año con una doble página de Carlos Mesa, el ex presidente de Bolivia que queda bien en el exterior (y uno de los protegidos del elenco iberoamericano), quien hace malabarismos para que no se le vea el plumero del Consenso de Washington y que muestra una Otramérica balbuceante que, irremediablemente, se mece entre lo imposible y lo patético.

 

Repite Mesa el gesto de los antes uribistas internacionales al tomar distancia de Bogotá y abraza el mito chileno sin terminar de caer en los brazos de Lula (“un metalúrgico”) y aplicando la clásica dosis sobre Cuba y Venezuela. Nada nuevo. Leyendo toda esta “ensayística” europea y escuchando Hora 25 Global (el programa de la Cadena SER con el que nos torturan por Otramérica) pareciera que la visión que se tiene desde Prisa es dictada por el neogurú Felipe González que, cada vez que se baja del avión de Carlos Slim (como asesor personal del magnate mexicano), dicta cátedra sobre lo que es democracia y sobre cómo salir de la pobreza. La única diferencia con Aznar y su bastión FAES es el tono, los abdominales y el uribismo. Hasta hace poco coincidían hasta en eso. No hay alternativas. En El País, la excepción sobre Otramérica la pone Pablo Ordaz (crítico e inteligente en sus coberturas sobre el narco mexicano o sobre el golpe de Estado de Honduras); en el resto de los medios, poca información y plagada de tópicos. Las consecuencias de esta des (mal) información se sienten en el Barómetro 2009 de la Fundación Carolina donde, por primera vez los españoles normalitos muestran más interés en Estados Unidos y San Obama (54%) que en Latinoamérica (46%). Los españoles empresarios lo ven de otra manera.

 

Pero de eso, hablaremos otro día.

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.