Lo que podríamos hacer por mejorar el medio ambiente

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El cambio climático es la fiebre de un modelo de desarrollo enfermo, el síntoma de que estamos consumiendo y emitiendo a la Tierra más de su capacidad natural de regeneración. Constatamos los efectos con fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes e intensos (olas de calor, sequías prolongadas, lluvias torrenciales, subidas del nivel del mar, deshielo de glaciares…). Desde hace más de 30 años científicos y ecologistas nos vienen avisando que la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera como consecuencia de la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural para producir energía, unido a cambios de usos del suelo por deforestación y agricultura insostenible, estaban alterando la dinámica climática. Sin embargo, y a pesar de acuerdos internacionales como el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015), todavía siguen creciendo las emisiones de GEI, y los impactos ya se están notando, de forma más intensa en los países en desarrollo, al estar situados en regiones más vulnerables y disponer de menor capacidad de adaptación. Esto exacerba aún más la injusticia, ya que son los menos emiten.

La buena noticia es que hay signos de esperanza, las personas hemos salido masivamente a las calles con los jóvenes a la cabeza para exigir a los gobiernos, empresas y sector financiero que actúen responsablemente y lleven a cabo la necesaria transición ecológica con la ambición y el ritmo suficiente para evitar los peores impactos del cambio climático. Tenemos un gran desafío por delante, pero también la oportunidad de, actuando juntos, contribuir a reconectarnos con el planeta.

¿Cómo podemos contribuir a mejorar la situación?

No tenemos que hundirnos en la desesperación por el calentamiento global; podemos actuar. Si solo firmamos una petición y nos olvidamos de ella, obviamente nada va a cambiar. Se deben tomar medidas urgentes a nivel individual y colectivo. Todos tenemos un gran deseo de poder vivir en paz y sostenibilidad ambiental. Lo que la mayoría de nosotros aún no tenemos son formas concretas de hacer realidad nuestro compromiso con la vida sostenible en nuestra vida cotidiana.

Unas preguntas para la reflexión:

❖ ¿Eres consciente de que tu forma de vida repercute en el cambio climático?

❖ ¿Cómo sería desarrollar tu compasión hacia todos los seres sensibles?

❖ ¿Te imaginas perder tu hogar y convertirte en refugiado climático?

❖ ¿Puedes sentir el sufrimiento que generan los incendios, las inundaciones y las sequías?

❖ ¿Podrías comprometerte con un consumo responsable para proteger la Naturaleza?

Propuestas de acción consciente

Cada vez somos más conscientes de la necesidad de contribuir a un buen clima y no es necesario hacer grandes inversiones, tenemos al alcance de nuestra mano la llamada Economía Circular, que nos permite considerar el impacto ambiental de nuestro consumo, para ello podemos realizar pequeños-grandes gestos como:

Caminar, ir en bici, usar el transporte público, compartir coche, son alternativas idóneas al uso del coche privado.
Usar pequeñas bolsas de tela, para comprar fruta y verdura, recuperar la costumbre del carrito de la compra y comprar cerca de nuestro domicilio  para evitar el kilometraje y envoltorios innecesarios.
El punto limpio es el punto amigo. En algunos barrios, el Punto Limpio Móvil que pone el Ayuntamiento un día a la semana, nos permite tirar todo lo que no debe tirarse en otros contenedores.
Asociarse o realizar algún donativo, con una ONG comprometida con la causa del medio ambiente.
Comprar bombillas led y contratar los servicios con empresas responsables con el medio ambiente.
Con un par de grados que se reduzca el aire acondicionado y/o calefacción, ya se está en el camino del cambio y el compromiso.
Productos de lino, cáñamo, fibra de madera, acero, vidrio; son alternativas a las bolsas y botellas de plástico.

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