Me falta un museo en Bogotá

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Sigo
en Bogotá y me doy cuenta de que quiero seguir también hablando de
esas cosas que aquí faltan, una ciudad, un país, tan potente en
unas cosas y con carencias tan conspicuas en otras. Me refería hace
unos días a cuántos escalones faltan en los ámbitos de la
escena y de la música y decía que sí están todos en cambio, mal
que bien, en el de las artes plásticas. Y sin embargo no, me hace
caer en cuenta una amiga artista de cuántas carencias hay también
aquí.

 

No
quiero volver a hacer una lista detallada, pero sí concentrarme en
una cosa sola que me parece tremenda: la falta de un museo de
arte moderno y contemporáneo
que muestre y dé cuenta de qué
ha pasado en el arte colombiano durante, digamos, la segunda mita del
siglo XX, a partir de que entra en la modernidad de la mano de la
revista Mito y de Marta Traba.

 

El
extranjero que hoy llegue a Colombia se dará cuenta de la ebullición
de ciertas nuevas tendencias del arte muy bien representadas por el
discurso único vigente, suficientemente mostradas en galerías y
museos (la actual muestra del «Premio
Bienal de Artes Plásticas y Visuales Bogotá 2010» en la
Fundación Gilberto Alzate Avendaño

-la peculiar institución encargada de las artes plásticas por el
Distrito de Bogotá- es buen ejemplo de cosas interesantes que se
están haciendo), bien defendidas y explicadas por curadores
à la page y divulgadas más o menos en publicaciones y revistas en
papel o digitales (esferapública).
Pero difícilmente podrá llegar a saber de pintores y escultores
fundamentales en la historia del arte colombiano de los últimos
cincuenta años de los que ya casi nadie le hablará ni cuya obra
sabrá bien encontrar dónde ver.

 

Sí,
el Museo Nacional tiene algunas cosas, pero pocas y sin ánimo
canónico ni exhaustivo. El Museo del Banco de la República debe sin
duda de tener mucho pero muestra muy poco. Y el Museo de Arte Moderno
(MAMBO) puede que tenga bastante, pero quién puede saberlo si
prácticamente se limita a exposiciones temporales y muy de cuando en
cuando muestra sus fondos.

 

Lo
tremendo es que al no haber un museo que aspire a ser completo,
canónico y coherente, un Museo-archivo,
por usar el término hoy tan de moda, como sí los hay en Buenos
Aires, Lisboa, Madrid (la colección permanente del Reina)…, el
extranjero atento o el colombiano interesado no tendrán mucha manera
de enterarse de que existieron y de lo que hicieron Débora Arango,
Eduardo Ramírez Villamizar, Bernardo Salcedo… No tendrán manera
de ver bien y aprender sobre la obra de español Antonio
Roda
,
un pintor
vehemente, inteligente, culto, de mirada imponente, con porte de
aristócrata recio a la antigua y la fuerza española, el bravío en
la pintura y la honestidad artística de su admirado Velázquez que
tan importante fue en el arte colombiano.

 

No
podrán saber, aún menos, de Lorenzo
Jaramillo
,
el gran pintor de su generación, la de los que hoy tienen los 60 que
él casi tendría si no hubiera muerto de sida y dejado por eso de
pintar sus tremendas pinturas expresionistas, de hacer esos sus
fantásticos y de dibujar sus ilustraciones fascinantes, de ser ese
gran pintor fuerte que era.

 

Ni
empaparse de la obra y la trayectoria de Beatriz González, la
gran pintora pop colombiana y precursora de tanto arte político de
hoy en día que necesita del folleto explicativo del que su obra no
necesita nunca.

 

Ni
ver la de pintor más jóvenes como Vicky Newman o Jaime Franco, que
tiene ahora una excelente e impresionante exposición en Bogotá de
que les hablaré la semana que viene… Ni conocer los dibujos
delirantes que hacía Lucas Ospina antes de dejar de dibujar para
escribir de arte.

 

Hoy
no es fácil ver en Bogotá, en Colombia, obra de Roda, de Lorenzo
Jaramillo, de Ramírez Villamizar, de Beatriz González, de Jaime
Franco…

 

Por
no ser, ni siquiera es fácil ver alguna pieza de Doris
Salcedo
, su artista de mayor relevancia internacional, con
diferencia.Y ahora que al menos se iba a poder tener por fin la
primicia de una pieza nueva suya, en el MAMM de Medellín, la
oportunidad se ha frustrado por negligencia del museo.

 

Hablo
de memoria y sin afán exhaustivo o didáctico, por lo que me permito
a mí mismo limitarme a hablar de los nombres que me parece. Pero hay
muchos más, claro, que olvido o no quiero nombrar pero de los que
tampoco podrán saber, ni ver, ese extranjero atento o ese
colombiano interesado hasta tanto no se anime alguien a fundar un
museo empeñado en dar cuenta, con criterio, del arte colombiano del
siglo XX.

José Antonio de Ory es escritor, entre otros oficios que lo han llevado a vivir de un lado a otro del mundo: Colombia (en tres ocasiones), la India y Nueva York. Ahora en Madrid, continúa escribiendo cuando le da el tiempo sobre cultura y otras cosas de la vida en este blog, donde se permite contar, y opinar, cómo ve las cosas. Es autor de Ángeles Clandestinos. Una memoria oral del poeta Raúl Gómez Jattin (Ed. Norma, Bogotá, 2004).