Morir, desaparecer en favor del puberto idiota

0
219

 

Salgo de México en un par de horas, y sólo puedo robar (y compartir con ustedes) unos párrafos al autor fronterizo Heriberto Yépez para resumir el tiempo en el que estamos.

 

«También México alguna vez tuvo una cultura original. De hecho, la caída de la cultura mexicana es parte primordial y necesaria para la muerte de la cultura humana, pues mientras culturas como la mexicana, la japonesa, la china, la francesa, la hindú o la rusa estuviesen vivas, Estados Unidos (es decir, la disgregación) no podría perseverar. Para que el puberto idiota persevere, se requiere que mueran todas las brujas y los ancianos. También nosotros somos parte de aquellos que tenemos que morir para que se establezca la homogeneidad. La desmemoria requiere que desaparezcamos.

 

No distorsionemos, debido al miedo o a la pereza, el mensaje de esta época: tenemos que ser erradicados. O, en el mejor de los casos, la globalización exige que perdamos nuestros centros y quedemos sólo zombies de las transnacionales. Seres vaciados, es decir, perfectos consumidores».

 

Heriberto Yépez en Mishima y Occidente (Revista Replicante 6)

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.