Ni huevo ni gallina

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La pregunta es aplicable a casi todo: ¿qué fue antes: el huevo o la gallina? Es decir, ¿qué fue antes la estafa de las hipotecas basura o el golpe de estado monetario?, ¿el capricho incesante de los consumidores o la planificación sin cesiones de la publicidad? ¿el surrealismo y sus meandros de cordura enloquecida o la frustración por una sociedad en decadencia?

       En algunos casos hay paralelismos y superposiciones dudosas, pero en otros está bastante claro. En estos días, leyendo el preclaro trabajo de Eric Williams (reeditado ahora en español con acierto por Traficantes de Sueños entiendo que fue antes el mercantilismo, el capitalismo, antes que la esclavitud de los africanos en las Américas y que los argumentos raciales sobre la superioridad blanca sólo fueron un atajo para justificar moralmente (desde esa moral) lo injustificable. Y, entonces, me vuelvo a preguntar…. ¿que fue antes, la locura insana de los que consideraban que los indígenas eran perros sobre dos piernas o el proyecto de explotación de un continente? ¿la febril orgía de sangre de los mercenarios con permiso real o el plan comercial de los economistas de la Corte?

       Somos lo que somos porque otros han decidido construir una sociedad a la medida de su enriquecimiento, pero la ignorancia se suma a la inocencia para hacernos cómplices por omisión y por estupidez.

       Leo al tiempo un informe que aclara, para tranquilidad de las audiencias, que los indignados del 15-M no son antisistema. Paz en el reino de los temerosos…. no hay riesgo de cuestionar el sistema, solo queremos maquillarlo, justificar la injusticia con cuatro medidas socialdemócratas o bienintencionadas. ¿Entonces? ¿para qué la pelea? ¿Qué fue antes: la atenuada indignación o la presión mediática para que nada cambie?

       Como escribía Snelgrave en 1754: «Aunque a primera vista  pueda parecer bárbaro, inhumano y poco natural traficar con criaturas humanas, los comerciantes tienen tanto que alegar en su propia defensa, aquí, como en otras ramas del comercio, esto es, la ventaja que representa […] En una palabra, de este negocio resultan beneficios que compensan todos los daños e inconvenientes, reales o imaginarios». Cambien el tráfico de criaturas humanas por lo que quieran (explotación de petróleo, minería de oro o de cobre, reformas en el mercado laboral, suspensión de pensiones…) y la fórmula sigue cuadrando.

       En conclusión: las gallinas del capitalismo nuna han dejado de poner los huevos del engaño. Cuando las sociedades despiertan levemente del letargo, se hacen cambios, ajustes, críticas… algunos incluso pueden perder su fortuna, pero todo se hará para que nada cambie. En eso estamos.

 

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.