Página 31. El mensajero

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BIG MAK:

Son tiempos de incertidumbre.
Quedan pocos ñus en la sabana y somos muchos los depredadores y carroñeros con una familia que alimentar. Estamos a la que salta…
Una llamada hace un par de meses: que si puede usted asistir a una reunión con el Sr. Abaddón. Dije que claro, pero que de qué se trataba. Solo me dijeron que tenía que ir a un despacho en una planta 49 al dia siguiente.
Ahí me encontré con el señor Abaddón y su cara.
Hay rostros que dan miedo. No, miedo no, más bien respeto, respeto a lo desconocido. Desazón. Bueno, vale, dan miedo.
La cara con los ojos más pequeños del mundo, como dos chinchetas clavadas en una pared de gotelé. La boca como un navajazo. Y una sonrisa que duele.
Una cara que no pertenece a ninguna raza. Una mirada que raspa.
Mientras se asomaba al mundo desde arriba, como si todo fuera suyo, me dijo que representaba a un pool de humildes amantes de la cultura, del que solo soy el mensajero, decía. Sabemos que atraviesa dificultades…Me sonaba a conozco tu cara, sé donde vives. No me atreví a abrir la boca. Uno sabe a cierta edad cuando se tiene que callar.
Cogió un sobre lacrado y me lo ofreció. Le entrego esta propuesta que deberá meditar y sopesar. Espero una respuesta suya cuando lo considere conveniente. Buenos dias.
La gente que mira al mundo por encima de una décima planta es peligrosa. Y por encima de una cuarenta es letal.
Tardé tres dias en atreverme a abrir el sobre. Quedan muy pocos ñus en la sabana.
Si Abaddón es solo el mensajero quizás la cosa no sea tan siniestra. Aún no lo sé.

Autor: Javier de Juan