Pinches copistas renegados

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Desde el siglo XV, como mínimo, los europeos somos terriblemente racistas. Construimos una imagen de superioridad racial para justificar conquistas y desmanes y no hemos logrado escaparnos de ella. Estados Unidos perfeccionó la soberbia europea y la convirtió en impronta genética y en misión cuasi bíblica lo que a nosotros ‘sólo’ nos sevía para sentirnos ‘civilizados’ y, por supuesto, hacer negocio (la revolución industrial se cimenta en el racismo y en la deshumanización del Otro, del que no era europeo).

Seguimos, y esto es aterrador, anclados en la dicotomía «civilización o barbarie» pero sin darnos cuenta de que somos nosostros los que alimentamos la barbarie y condenamos al fracaso cualquier intento de una nueva civilización global.

El décimo aniversario del 11-S ha demostrado que todo es así. Los gringos fascinados por su tragedia y el resto del mundo siguiendo el cuento. La tragedia es terrible, los atentados de aquel día deleznables, pero los medios de comunicación ayudan cada día a la escritura de una Historia falsa y maniquea. Primero, porque dan marchamo de realidad ‘ineludible’ a la supuesta «guerra contra el terrorismo», permiten la justificación irracional de esta ética de guerra que se ha instalado en nuestra contemporaneidad en la que torturar, asesinar de forma selectiva, matar a civiles o secuestrar es «comprensible».

Segundo, porque en los centenares de artículos que nos hemos tragado han desaparecido los civiles que han pagado la ira imperial, la venganza estadounidense. Ni un artículo sobre las algo más de 100 mil víctimas civiles no combatientes de Irak, ni de las decenas de miles de muertos de Afganistán, ni de las ejecuciones en Yemen, ni, por supuesto, de los desmanes de Blackwater ni similares. Tampoco, ni de coña, se les ocurre recordar la ‘privatización’ de esta supuesta guerra, ni la utilización de mercenarios latinoamericanos o gringos, ni el negocio redondo de los amigos de George W. Bush, ni el engaño sobre las armas de destrucción masiva que, supuestamente, atesoraba Irak, ni se hace demasiada sangre sobre la ejecución extrajudicial de Bin Laden…

Me da asco, me provoca repugnancia ver cómo la mayoría de los medios no son más que amanuenses del poder. Y, entonces, aquí, recupero un texto de Heriberto Yépez, un preclaro ensayista y literato de Tijuana, en esa Otramérica que aún está despierta, quien asegura: «Esta es la gran tragicomedia de los pensadores, científicos, artistas y literatos del mundo moderno [occidental]: no darse cuenta de que sus palabras, imágenes e ideas son copia de las palabras de las autoridades. Todos nosotros no somos más que copistas renegados».

Y eso somos: pinches copistas renegados que no cuestionamos más allá de nuestras narices. «¿Dónde estaba usted el 11-S?», «¿Qué moco se estaba sacando en el momento en que eran asesinadas 3.000 personas en Nueva York?»… y yo pregunto: ¿dónde estamos nosotros ahora mientras un puto soldado de la OTAN, o de Estados Unidos, o de España, o de Italia está matando a algún civil inocente?, ¿dónde está la promesa de Obama de cerrar el centro de la ignominia en Guantánamo?, ¿dónde la autoridad moral de Naciones Unidas o de cualquier organismo internacional para hablar de Derechos Humanos cuando ha cerrado los ojos ante tanta barbarie?

El 11-S no cambió el mundo, sólo lo hizo evidente.

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.