Quienes sobrevivamos

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QUIENES SOBREVIVAMOS
Tercer martes del mes de mayo
La semana anterior al estallido
de la pandemia que vació las plazas
morían quince mil niños al día,
todos los días, por enfermedades
prevenibles, tratables: por ser pobres;
ochocientas mujeres fallecían
cada día durante el embarazo
o el parto en este mundo, en este siglo,
cada día que el sol se alza en el cielo;
pero eso no condujo a declarar
el estado de alarma en ningún sitio.
La víspera de que llegara el virus
matábamos acuíferos, especies
y florestas con saña de agraviado,
pudríamos el pecho de la atmósfera
condenando al cadalso a nuestros nietos;
pero eso no nos hizo declarar
el estado de alarma en parte alguna.
Quienes sobrevivieron a una guerra
y no usaron el resto de sus vidas
para que ya jamás otra estallara,
siguieron, en la paz, matando muertos,
pisoteando sus nombres olvidados.
Quienes sobrevivamos a esta peste,
peste de gente enferma, viejos solos,
muertos, familias hacinadas, bosques
borrados, animales casi extintos,
desigualdad, desigualdad, miseria,
quienes sobrevivamos, si no usamos
los años que nos quedan en la vida
para que nunca más la mala peste
clave a la humanidad de pies y manos
en la inhumanidad de sus inercias,
quizá no merezcamos la salud,
ni el orden, ni abrazar a los que amamos.

 

                                 Gonzalo Sánchez-Terán

 

 

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Gonzalo Sánchez-Terán
Gonzalo Sánchez-Terán ha trabajado desde 2002 implementado proyectos de emergencia en campos de refugiados y desplazados internos en Guinea Conakry, Liberia, Costa de Marfil, República Centroafricana, la región de Dar Sila, en la frontera entre Chad y Darfur, y la frontera entre Etiopía y Somalia. En 2001 publicó el poemario, Desvivirse (ed. Visor), y en 2008, junto al periodista Alfonso Armada, el epistolario, El Silencio de Dios y otras metaforas. Una correspondencia entre África y Nueva York (ed. Trotta).

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