Rafael Fernández: «En Cowoco nos desestresamos con una foto de Isabel Pantoja»

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"Los tiempos han cambiado. Ahora trabajamos de una manera diferente". El coworking es compartir un espacio de trabajo con gente que suele ser del mismo estilo (jóvenes, emprendedores o creativos, lo que el resto del mundo llamaría frikis). Pero además de compartir espacio, aporta algo que antes, casi ninguno de los coworkers tendría… opiniones sobre sus proyectos, ambiente de oficina en el mejor sentido posible, posibilidad de colaboraciones, una rutina y una motivación que resulta muy positiva.

 

 

Conocí a Rafel Fernández (A Coruña; 1980) gracias a Jacobo Camba, un joven emprendedor (modismo de empresario), a quien entrevisté en el blog. Jacobo me recomendó que le diera más visibilidad a mi página web y por eso me puso en contacto con Rafael, ahora el proyecto está en construcción, como los cimientos de una casa tallada por ladrillos de sueños. Quedamos un día a las siete de la tarde en el Café Universal, en la calle Torreiro (A Coruña). Yo impuntual, como de costumbre. Nos tomamos un café con leche –¿qué sería de España si nos quitaran los bares y los cafés? (probablemente habría una revolución)– y hablamos del proyecto, de aquel cuya anatomía era una retahíla de ladrillos de sueños y un tejado de ideas. Como soy cotilla, le pregunté dónde trabajaba. «En Cowoco (estudio de coworking)», respondió Rafael.

 

¿Un coworking es como un piso compartido de freelancers?, le pregunté con los ojos palpitantes. He de reconocer que la iniciativa me parecía atractiva. Seductora.

No solo eso. Intentamos emprender proyectos juntos. Surgen sinergias, conexiones… Por ejemplo, a veces hacemos los descansos a la vez para reirnos. Desenfucharnos del trabajo. Estando tú solo encerrado en casa, las tareas se te hacen más pesadas. Y desmotivantes, me respondió.

 

Lo cierto es que desde mi charla con Rafael, cada vez tengo más ganas de probar un coworking. Y explorar las tiendas golondrinas. Creo que lo bueno de la crisis, es que España se ha convertido en un campo de experimentación. Y nosotros, los jóvenes (aunque casi tengo 30 palos), sus conejillos de indias.

 

¿Podrías relatarnos tu historia, por qué decidiste trabajar en un coworking?

Antes trabajaba desde mi casa aunque siempre me había interesado explorar el coworking. Ya los conocía, aunque cada vez se están expandiendo más… Me atraían por el hecho de interactuar con profesionales de mi rama (yo estudié  diseño gráfico en Barcelona por lo que no conocía el gremio creativo en A Coruña) y trabajar con aquellos que compartieran mis inquietudes. Por casualidades de la vida, me mudé a vivir a Torreiro, (una calle situada en el centro de la ciudad gallega) y tomando unas cañas con una amiga me habló de que un conocido suyo estaba fundando un coworking, ¡Cowoco! Y aquí estoy ahora.

 

–¿Cómo era tu vida y actividad profesional antes de empezar a trabajar en el coworking y cómo cambió después?

Yo comencé con mi propia compañía de diseño Oitenta. Pero estalló la crisis. Los primeros años fueron muy arduos y se hizo muy costoso mantener el equipo. Al final, acabé quedándome yo solo trabajando desde casa. Algo que no le recomiendo a nadie porque es totalmente anárquico y simplemente te pasas las 24 horas del día obsesionado con los encargos sin diferenciar. Los disgustos son más pesados. No hay con quien compartir las alegrías. Todo eso cambió al entrar en el coworking, quizá también se haya juntado con que ahora los trabajos no escasean y los proyectos van saliendo, pero creo que estar en un ambiente de trabajo y en un entorno separado ayuda a rendir más. Separar la vida personal de la profesional. Y aumentar la motivación.

 

Define el coworking.

Para mí es compartir un espacio de trabajo con gente que suele ser del mismo estilo (jóvenes, emprendedores o creativos, lo que el resto del mundo llamaría frikis). Pero además de compartir espacio, aporta algo que antes, casi ninguno de los coworkers tendría… opiniones sobre sus proyectos, ambiente de oficina en el mejor sentido posible, posibilidad de colaboraciones, una rutina y una motivación que resulta muy positiva.

 

Cuéntanos alguna anécdota divertida que recuerdes en tu espacio de trabajo.

Bueno ya tenemos algunas tradiciones propias que difícilmente tienen sentido hacia fuera, como reírnos de la afición de Pedro (el fundador) a la compra de dominios que contengan “coruna” y otras muchas “gracias de este tipo, ¡frikis!». También tenemos una diana para desestresar con una foto de Isabel Pantoja.

 

¿Cuánto pagas de alquiler? ¿Cuál es la filosofía de los «cowocos»?

En el caso de Cowoco el coste es de 150 €/mes. El proyecto va un poco más allá de ser un mero espacio de trabajo compartido, queriendo tratar de convertirnos en un equipo multidisciplinar aunque sea para propuestas puntuales y la persona que está detrás de todo, Pedro, está cargada de ideas. De ganas de hacer tareas en equipo, muy positivo.

 

¿Recomiendas a otros jóvenes freelancers que trabajen juntos?

Lo recomendaría sin dudarlo, como primera inversión a asumir en cuanto les fuera posible, porque seguramente, aunque al principio se pueda ver como un gasto, con el tiempo acabe por ser muy rentable. Evidentemente cada caso es particular y habrá quien no tenga buena experiencia, pero desde mi punto de vista, con la actitud correcta… todo son pros. Incluso el coste.

 

 Supongo que hay veces en las que nuestro camino nos lleva a reinventarnos. Para delinear nuestros sueños en percepciones reales, para iluminar nuestras fantasías, el callejero de nuestra imaginación.

 

Cowoco – Creative Coworking from Aira Studio on Vimeo.

 

Datos del entrevistado

 

Compañía:Oitenta – www.oitenta.com

Facebook corporativo: www.facebook.com/OitentaEdiciones/

Twitter corporativo: http://twitter.com/Oitenta

http://twitter.com/Oitentero

Perfil en LinkedIn: es.linkedin.com/in/oitentadesign