Sesenta millones de racistas

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Asfixiado el bien bajo mil almohadas/ sostenidas por quienes se creen buenos,/ ya no me reconozco en mis iguales,/ son bestias delatando al inocente,/ postradas a los pies de su bajeza,/ no busco ya reconocerme en ellos.

 

SESENTA MILLONES DE RACISTAS

 

                                                Noviembre de 2016

 

Hecha añicos mi fe en el ser humano,

mirando desde el callejón del verso

la parada de sátrapas mendaces

vitoreados por pobres desalbados

y comerciantes ricos,

                                 que no tienen

otra cosa en común que miedo y raza,

raza, miedo y moral de proxeneta

que vende la virtud por tres dineros.

 

A mi alrededor este engrudo humano

se extiende como un cáncer en la lengua

del tiempo, cose el útero del alma

y yergue su inconmensurable cifra,

su número de huevas de reptil,

violando por el ano a la Palabra.

 

Asfixiado el bien bajo mil almohadas

sostenidas por quienes se creen buenos,

ya no me reconozco en mis iguales,

son bestias delatando al inocente,

postradas a los pies de su bajeza,

no busco ya reconocerme en ellos.

 

A mi dolor le duele su salud.

 

Mi lucha de persona es contra el sátrapa

que humilla al débil y emponzoña el aire.

Levantaré mi voz en la asamblea,

entre los claustros alzaré mi mano,

y cuidaré la paz y la igualdad

frente al inmenso ejército de espinos

hasta que ni su ausencia trace sombra

ni el odio de su aullido infecte ecos.

 

Pero es otra mi guerra de poeta,

más raigal, duradera, derrotada,

triste, mi guerra de poeta es contra

los sesenta millones, los seiscientos

o los seis mil millones de mujeres

y hombres de toda condición que eligen

su deidad por encima de la ética,

su raza por encima de su especie,

su patria por encima de su mundo.

 

Contra su estirpe yo diré mi verso,

y entre sollozos uniré, lo juro,

las trizas de mi fe en el ser humano.

 

 

Gonzalo Sánchez-Terán

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