What the hell is SXSW!?

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¿Qué demonios es South By South West (SXSW) conocido entre amigos como SouthBy? ¿Guardará alguna relación con el famoso Sex & drugs & Rock’n Roll, título de la canción de Ian Dury de los ’70? Aunque las siglas no coincidan, gozan de lo mismo, espíritu norteamericano con sabor a libertad, desvengüenza y buen rollo. ¿Preparado para una semana de infarto? Let’s go Rock’n Roll. Vamos a rockanrollear. 10 días de música a raudales, de decenas festivales de cine, de encuentros con artistas de todas partes del mundo y de conferencias sobre el presente y el futuro de la comunicación digital. El espectáculo callejero está servido las 24 horas del día, empezando por observar los personajes frikies-cool que abarrotan las calles del centro. Desde un Inspector Gadget, una chica oriental con una pantalla móvil y un tigre de peluche de visera, hasta el búho de Hootsuite que te regala unas cartas para jugar. Incluso 13 vagabundos hacen las veces de antenas humanas de WIFI. Sí, Austin es una fiesta friky, desenfadada y algo extraña. Awesome. WTF. Quienes la tachan de progre, no saben sentirla, ni entenderla.

 

 

Ríos de estadounidenses viajan durante el Spring Break, la semana blanca universitaria en marzo, al lejano oeste para disfrutar de este acontecimiento que bien puede presumir de ser único en el mundo. Se requiere mucha previsión y una excelente organización para hacer frente a este evento que convierte a Austin en la capital de la música en vivo y que la hace protagonista cultural en USA. Austin ejerce de imán para periodistas, hispanos y angloparlantes, empresas de comunicación de San Francisco, músicos reconocidos como Eminem, Juanes o U2 y jóvenes talentos no tan reconocidos de Texas, excéntricos australianos que dicen llamarse futuristas y que trabajan como presentadores de televisión, neoyorquinos hiphoperos acompañados de toda la «banda», responsables de las grandes compañías de tecnologías como Google o expertos del cine más independiente con gafas de pasta y perilla. Al puro estilo Johnny Deep.

 

SXSW es sinónimo del downtown de Austin tomado literalmente por el arte, la gente joven y la locura de este festival anual que multiplica la capital tejana por múltiplos desconocidos de ene porque, cuando unos llegan, otros se ya se han ido. Dependerá de los intereses que despierte y del presupuesto del visitante; los intelectuales del digitalismo se encuentran en hoteles y en salas de convenciones durante los primeros cinco días, los expertos del séptimo arte se albergan en cines y teatros como los de El Álamo, y los músicos completan en serie, con horarios programados, los infinitos bares y locales austinitas, otros muchos conciertos se prolongarán en carpas montadas para la ocasión. Mientras que los típicos pubs como The Stage, Red Eyes Fly, The Paris o Bat Bar se verán inundados por largas colas cada noche. Imposible verlo todo, abarcarlo todo. Abrazar la ciudad significa perderse en un concierto inesperado y caminar por la Six siguiendo la corriente.


 

 

Palpita The Six St., Red River St. y la Congress Avenue, aunque parece no haber espacio para todos, milagrosamente las emergencias se atienden con eficacia y la policía está presente entre la multitud. A medida que pasan los días, la fiesta proporciona mayor vértigo; más mezcolanda de una masa flotante y en movimiento de personas dispuestas a pasarlo bien, en un desfase que, por momentos, huele a Marihuana y viste indumentaria hippy. Son noches de provocación y carnaval desinhibido. Afroamericanas y latinas calzan tacones desorbitantes. Se aprietan en vestidos que son la mínima expresión de la palabra vestido, con la virtud de pasar desapercibidas en una multitud que no cesa. Furgonetas oscuras, conducidas por negros con gafas de sol, en el denso tráfico, llaman la atención cantando, dispuestos a apearse para distribuir gratis CDs de sus últimas creaciones. Taxis, autobuses, pedicabs y bicis, hoteles, bares y locales al cien por ciento. Alguna que otra limusina, tráfico y furgonetas que encierran equipos e instrumentos de música.

 

El SXSW es uno de los mayores festivales músicales y tecnológicos del mundo, ubicado en el Sur de los Estados Unidos, que lleva celebrándose en la capital tejana desde el año 1992. Las ventas de entradas se anuncian desde el mes de septiembre en los medios de comunicación locales, los precios oscilarán de entre los $750 a los $1395 una semana antes de su celebración. Lo más inteligente parece hacerse de los tickets con seis meses de antelación o colarse en las parties gratuitas, o mejor aún, buscar algún contacto de la ciudad o trabajar como voluntario por unos días. En esta edición del festival, Quique González, Vetusta Morla y LA han sido algunos de los embajadores españoles que se han dado a conocer en Austin, con el apoyo financiero y técnico de Sounds from Spain, que está auspiciada por organizaciones como la Agencia Española de Cooperación, la SGAE, el ICEX, la AECID y el Instituto Cervantes.

 

* En la primera imagen, un joven americano cantante de Rock en un concierto de Austin, y en la segunda, el grupo Vetusta Morla en un bar de la Six Street el sábado por la noche.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.