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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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18 Diciembre 2012

1826, Obiang

 

Habiendo estado todo el tiempo memorizando las tonterías que tú, Liberato Elá Mangué y Bathó Obama mandaban escribir para alabar a Francisco Masié, no tuvimos la oportunidad de aprender la importancia de esta fecha. 1826. Es el año en que las crónicas dicen que se estableció en Fernando Poo el Tribunal Mixto Para la Represión de la Esclavitud.

 

Los blancos de salacot podían capturar a nuestros antepadres, meterlos en cuevas poco ventiladas y llevarlos al barco para sufrir mareos indecibles hasta llegar hasta Dios sabe dónde de una América que se descubrió sólo después de que Fernando Poo se incorporara a las tierras del atlas reconocido.

 

Casi sin comer ni beber, llegaban sólo los más fuertes y sin descansar, sin aprender ninguna lengua, y sin conocer nada de su nuevo sitio, se ponían a trabajar. En la tierra de origen, en lo que más tarde se llamaría Guinea Ecuatorial, la esclavitud no cesó, y nosotros tuvimos un suspiro cuando el comando de Oyo Riqueza detuvo a Macías en los bosques de Nzagayong. Antes de aquella fecha, no sólo éramos obligados a leer aquellas tonterías sobre el enorme poder de aquel general de acero poluto llamado Masié, sino que nadie podía salir de su pueblo sin mostrar 100 veces su permiso de ir a cualquier parte. Los descontentos, que recibían el nombre de subversivos,  morían como pájaros envenenados y los poblados podían vaciarse de sus manos trabajadoras para ser llevadas a las plantaciones, como ocurría en Texas hacía 100 años atrás, y esto eran los años 70 del siglo pasado, hace sólo 30 años. Y como ocurría en aquellos siglos, el esfuerzo del trabajo y los frutos de la tierra son llevados lejos, a otras tierras, quedando el testimonio de esa riqueza en manos de los que manejan el látigo, los que entregan a sus hermanos a su amo extranjero para que se ensañe con él.

 

Hoy seguimos igual, la esclavitud sigue vigente, y costumbres añejas y deplorables, como la batida del fugitivo, puesto en práctica en aquel mundo salvaje al que nos asomamos a través del cine, se practican hoy en Guinea ante la mirada atenta de todos los embajadores occidentales que presentan sus cartas comerciales al dictador en jefe. Se ruborizan cuando se les recuerda que la esclavitud y las prácticas que conllevan su ejercicio se abolieron en 1817, hace exactamente 195 años, al menos entre España e Inglaterra y a nivel formal.

 

Ya fuimos engañados con la lectura obligada de las tonterías sobre la grandeza de Masié y la madre que lo parió. Esta es la razón por la que no pudimos dedicar un solo minuto de nuestra vida en cantar las alabanzas del general que tomó la silla tras su desgracia pública. Y por esto estamos preparados para decirlo claro y alto: ya no vamos a soportar esta horrenda esclavitud. Ya se encargará el destino de calibrar las consecuencias de esta decisión.

 

Barcelona, 18 de diciembre de 2012

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