Achicoria (1)

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¿Tiene sentido, después de The Staircase, que está hecha con sangre, sudor  y lágrimas reales, molestarse en ver cualquier película “de juicios”? Y, acercando el ascua a nuestra sardina noir: ¿Puede interesar a alguien un libro en que se cuenta un crimen de ficción habiendo libros en que sean el relato de un crimen real? Dicho de otro modo: ¿Quedan ganas de tomar achicoria pudiendo tomar café?  

 

Ya por fin con las posaderas bien alojadas en septiembre (julio y agosto fueron muy viajeros) retomo Crimen para iniciados todavía sobrecogido por la contemplación del documental (año 2004, intitulado, en oportuno juego de palabras, The Staircase la escalera/ el caso de la escalera). A su director, Jean Xavier de Lestrade, se le permitió grabar cientos de horas a los familiares, amigos, enemigos, fiscales, abogados, policías y demás gente relacionada con el llamado “caso Peterson”.  Con este material compuso De Lestrade el documental sobre el caso del escritor Michael Peterson, quien una noche llama angustiado al teléfono de urgencias porque su mujer parece agonizar al final de la escalera de la mansión donde viven.

 

Lo que sigue (las dos temporadas; la tercera parece tener impedimentos legales para emitirse), que no deja de ser básicamente el relato de un juicio, es también una exhibición de estremecimientos (si no recuerdo mal, fue Céline el que escribe en su Viaje al final de la noche que la Justicia –—no en abstracto, sino el aparato judicial con sus jueces, sus denuncias, sus acusaciones y sus defensas­–— era “el Parque de Atracciones del horror”) que me condujo a una reconsideración del mundo, al menos del occidental, que es donde (y bajo cuyos parámetros) representamos nuestra diaria tragicomedia.

 

Pero la reflexión que aquí importa (entre las muchas que puede inspirar el documental, pues The Staircase es mucho más que el relato de un juicio) es que semejante despliegue de realidad filmada nos recuerda lo vana que es la pretensión de escribir ficción criminal “realista”; como si la realidad se pudiera mostrar, por ejemplo (y como ya dije en los albores del blog) desde una novela.

 

¿Tiene sentido, después de The Staircase, que está hecha con sangre, sudor  y lágrimas reales, molestarse en ver cualquier película “de juicios”? Y, acercando el ascua a nuestra sardina noir: ¿Puede interesar a alguien un libro en que se cuenta un crimen de ficción habiendo libros en que sean el relato de un crimen real? Dicho de otro modo: ¿Quedan ganas de tomar achicoria pudiendo tomar café?  

 

 

Achicoria ou café, monsieur?

 ÓSCAR URRA RÍOS. Doctor en Filología y profesor. Ha publicado los manuales Cómo escribir una novela negra (Fragua, 2013), y Literatura Universal (McGraw Hill, 2009), así como diversos artículos y reseñas sobre temas literarios. Como autor de ficción, durante la última década ha sacado a la luz tres novelas negras (A timba abierta, Impar y Rojo -las dos traducidas al alemán por Unionsverlag- y Bacarrá), y otra un tanto oscura (Yo, zombi), todas en la editorial Salto de Página, así como algunos cuentos de género negro. Vive en el centro de Madrid, que es decir el centro del Universo.