El dilema: tratar, o no, a Vox como un partido “normal”

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Si todas lo son por definición, ésta es aún más una reflexión muy personal. Casi para explicarme a mí misma el porqué de la cierta parálisis que siento en las últimas semanas: yo, que corro siempre para comentar cualquier acontecimiento político, hace tiempo que casi no lo hago. Quizás desde la desagradable sorpresa que nos llevamos el primer fin de semana de diciembre cuando Vox sacó doce escaños en el Parlamento andaluz. La drástica bajada de actividad de este blog es síntoma de ello. Aunque quizás venía de un poco antes, de las semanas previas a los comicios andaluces, cuando comenzó a aflorar el fantasma de la ultraderecha que peligrosamente hinchaban los medios de comunicación y las redes sociales. No sabía cómo abordarlo.

Quizás en España vivíamos en el falso espejismo de que aquí no iba a cuajar nunca una fuerza de ultraderecha, por el trauma de la dictadura y, sobre todo, porque el descontento de la crisis se había canalizado a través del 15-M y, de ahí, a Podemos; y también, el más conservador, hacia Ciudadanos.

Pero el éxito del partido de ultraderecha en Andalucía no parece haberse alimentado del descontento de las clases trabajadoras empobrecidas, sino que lo ha hecho sobre todo de las más acomodadas y tradicionalmente conservadoras que han dejado de sentirse cómodas votando al PP y han escogido a una escisión de éste, con cuyos principios se siente más identificado. Vox ha aprovechado la ventana de oportunidad que le ofrecía el contexto político español (crisis catalana, nuevo gobierno del PSOE, crisis de identidad en el PP…) y la ha capitalizado en Andalucía. Y todo parece apuntar que no será el único caso: se irá reproduciendo por toda España.

Si antes de que tuviera representación en un parlamento era fácil obviar a Vox y era lógico reclamar que no se le diera la desmesurada cobertura que se le ha proporcionado en los medios, una vez que ha llegado a las instituciones, ¿cómo hay que tratarlo?, ¿como a un partido más?, ¿como a una fuerza política normal?, ¿hay que seguir considerándolo como un elemento extraño que se ha colado en el sistema democrático? Ése es el dilema que creo que subyacía en la parálisis que me ha impedido escribir de estas cosas en los últimos tiempos.

Tratar como a una fuerza normal a Vox podría ser lo mismo que normalizar y aceptar que en la democracia española caben los principios que defiende. Y desde según qué posiciones puede ser dificil de sobrellevar. Pero considerarlo como un elemento extraño al sistema político español puede contribuir a engordar su popularidad, porque a lo que juega el partido es a mostrarse como nuevo y contestatario al orden existente, que dibujan como corrupto y desordenado.

Así, lo que ha sucedido en Andalucía en los últimos días puede contribuir a ayudar a Vox aún más. Ello, porque Vox ha quedado dibujado como el perfecto y radical antagonista de Adelante Andalucía, desdibujando a Ciudadanos en ese mismo papel que ha desempeñado en los últimos años; e incluso al Partido Popular.

Estéticamente, nos puede agradar mucho que Adelante Andalucía haya sido el partido que con más claridad y radicalidad se ha desligado de Vox (o el que más importancia ha dado a su escenificación), pero puede que en realidad le haya hecho un favor.

Por lo tanto, quizás lo mejor es dejar de agitar a los de Santiago Abascal como un espantajo y normalizar y aceptar que los ultras están para quedarse. Igual es la mejor manera de dejar de engordar sus expectativas y las de sus potenciales votantes.

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