Eso será

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Esperar. Siempre esperar. Otra vez esperar. Temer. Preparar la infantería. Mantener la guardia alta. No fiarse de una misma. No creerse. Mirar por la mirilla de la puerta. Desconfiar de la felicidad que llama golpeando con los nudillos. Dudar si abrir. No saber si volverá a llamar. Dudar otra vez. Sufrir por negarse a sufrir. Atreverse, por fin. Abrir. Rendirse. Dejarse llevar.

 

Aguardar un mensaje, aunque no diga nada, pero que llegue, con el corazón palpitando en la garganta. Con los pulmones resoplando y los ojos agitados por la falta de sueño. Amagar con marcar el número, ocho cifras, después parar. Borrar. Empezar. Ocho cifras. Un dedo que se acerca a la novena. Parar. Borrar. Vuelta a empezar. Despertar cruzando la madrugada, estirar el brazo, buscar el cuerpo con la punta de los dedos. Descubrir el tacto de la sábana y desvelarse ya, sin remedio. Correr a hacer café. Encender otro pitillo. Resoplar.

 

Llevar los bolsillos llenos de pastillas rojiblancas, por si acaso. Recurrir a ellas, al caer la media tarde, con las piernas cansadas ya de divagar por la ciudad, bajo un cielo plomizo de verano aun. Volver a llenar los bolsillos. Sujetar las paredes mientras se caen. Escapar. 

 

Esperar. Siempre esperar. Otra vez esperar. Temer. Preparar la infantería. Mantener la guardia alta. No fiarse de una misma. No creerse. Mirar por la mirilla de la puerta. Desconfiar de la felicidad que llama golpeando con los nudillos. Dudar si abrir. No saber si volverá a llamar. Dudar otra vez. Sufrir por negarse a sufrir. Atreverse, por fin. Abrir. Rendirse. Dejarse llevar.

 

Pensar lo que no tiene sentido. Imaginar lo que se quiere. Soñar demasiado, despierta, cuando no son horas de soñar. Olvidarse de trabajar. Renegar. Resolver el futuro, a última hora, sola, con dos cervezas. Sonreír. Ahuecar la cabeza de fantasmas. Abrir otra cerveza. Prender otro cigarrillo. Exhalar el humo. Cerrar los ojos. Abrirlos. Descubrir el presente. Sonreír, otra vez. Seguir imaginando. Eso será.