La vuelta de los migrantes

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Querido Moncho:

 

te leo y me asomo a las ventanas que ofrece el fotorreportaje de Samuel Aranda. Me impresiona el hombre que trae la camiseta de Messi y busca comida al fondo del basurero. Me hundo en el hueco que dejó el diente que le falta a uno de los hombres que protesta. Es un túnel del tiempo que lleva a las imágenes de la España de la posguerra civil y también a la lucha infructuosa de muchos de los que protestan en América Latina. En mi cabeza resuena el eco de una de tus reflexiones: una de las grandes cuestiones es si la clase media española conseguirá llegar al final de esa travesía por el desierto.

 

Una palabra pisa más fuerte que las otras, travesía. Implica viaje y destino incierto. Así estamos. La crisis global ha alterado el funcionamiento de la máquina de los viajes. La migración latinoamericana a España se ha detenido y cambiado de dirección. La balanza de capital humano nos entrega un registro muy diferente al que predominó en los noventa y los primeros años de este siglo. Ahora podemos hablar de migración española a América Latina. Del regreso de latinoamericanos que vivían en España.

 

España no es un imán para los lationoamericanos, sino el puerto de partida de miles de nuevos migrantes. Entre el 2007 y el 2011, el número de españoles nativos que emigró a Brasil subió 227%; a Chile, 144%; a México, 129%, y a Venezuela, 114%.

 

Es un éxodo en toda forma. Una ola de clasemedieros que llega en avión y con visa de turista. No me atrevo a definirlos como optimistas. “¿Hacer las Américas? Eso suena un poco a los tiempos de mi bisabuelo”, me cuenta Arantxa, una vendedora de 30 años que llegó el año pasado y encontró trabajo en una agencia de viajes. “Estoy acá por un rato, si me gusta me quedo…”.

 

BBVA, Santander, Telefónica, Indra, Inditex y OHL tienen proyecciones de crecimiento mayor a 10% anual en América Latina. Estos ambiciosos planes de negocios de las multinacionales contrastan con las expectativas moderadas de una gran parte de los ciudadanos españoles que están poniendo pie en México. “Sé que a muchos les ha ido bien por acá, también estoy consciente de que las cosas no son tan fáciles. Me gustaría trabajar en Alemania, pero no hablo alemán. Aspiro a conseguir mejores oportunidades, pero esto no es como una película de Hollywood”, me comenta Ramón, de 28 años, que aspira a trabajar como arquitecto en México. Trabaja haciendo freelance en un despacho. Gana el equivalente a 700 euros al mes y no tiene prestaciones. Eso le alcanza para pagar la renta de un cuarto y unas diversiones. Le gustan los videojuegos y ya empezó a comprarlos en el mercado negro de la piratería.

 

“Yo estoy haciendo apps y tengo planes de comercializarlas el próximo año”, me dice David, un desarrollador digital que tiene grandes ideas y poco capital. “El idioma me ayuda, veo un enorme potencial para mi negocio”.

 

Es muy pronto para comparar esta ola migratoria con otras, por ejemplo la del exilio republicano o la de los sudamericanos que llegaron en la década de los setenta. Es imposible hacer un balance sobre su aportación al país que lo recibe. Son preparados y tienen ganas de trabajar, pero forman parte de una generación que no sueña con echar raíces. Valoran la movilidad y la acumulación de experiencias. “México es impresionante. Todavía no lo digiero”, dice David.

 

L. M. G.

Luis Miguel González nació en Guadalajara, México. Estudió economía en la Universidad de Guadalajara. Hizo el master de periodismo en El País de Madrid y una especialidad de periodismo económico en Columbia, NY. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del Periódico Público de Guadalajara. Desde 2009 es el director editorial de El Economista de México. Es profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Fundador de la Red Iberoamericana de Periodismo Económico que une a ocho de los periódicos económicos más importantes de América Latina. Escribe dos columnas semanales en El Economista y una colaboración quincenal en la revista Expansión de México.