Los correos de Blesa y la necesidad de un relato sobre la crisis

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La sociedad española necesita un relato de la crisis: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?, ¿quiénes son los culpables? La publicación de los correos de Blesa nos está dando pistas sobre lo que ha ocurrido en este país en los últimos años.

 

Si defendemos WikiLeaks, no tenemos más remedio que estar de acuerdo con la publicación de los llamados correos de Blesa. Sobre todo si nos creemos la versión del Partido X respecto al modo en que han visto la luz. Si creemos en la democracia radical sólo podemos respaldar la transparencia total. Aunque no nos gusten del todo los modos, las vías que se están utilizando para materializarla. En un momento en el que el poder está utilizando todas sus armas para defenderse, para salir impune de la estafa, prácticamente cualquier vía se convierte en legítima. Aunque sea el propio juez el que haya filtrado los correos. O su entorno más próximo.

 

Desafortunadamente no conocemos en profundidad el funcionamiento de la justicia y no sabemos en realidad si el juez Elpidio José Silva es bueno, o no, si se equivocó, o no, al meter a Miguel Blesa en la cárcel dos veces, si es justo que lo aparten de la causa. Ésta es una de esas ocasiones en las que no nos fiamos de ninguna versión.

 

Sí creemos que, en realidad, sería irrelevante que apartaran al juez Silva de la causa si la justicia española estuviera libre de toda sospecha. Pero es que no lo está. ¡Muchos no necesitan abogados defensores con esta fiscalía! Y luego están las decisiones judiciales sobre ETA «y su entorno», alguna de las más recientes, como la de Herrira, se ha saldado con casi todos sus miembros en la calle por mandato nada menos que de la Audiencia Nacional. Y veremos en qué queda la operación de esta semana, ésa que anunció el propio Ministerio del Interior antes de que se produjera, en una especie de Faisán, según ironía de Gaspar Llamazares. Pero ésa es otra historia.

 

Decimos que si la justicia no estuviera bajo sospecha daría igual que se apartara a Silva, porque la sociedad confiaría en que el juez que retomara el caso haría las cosas conforme a derecho y no atendiendo a presiones del poder. Eso es, precisamente, lo que acaba sucediendo, según hemos visto, con los casos de ETA y «su entorno». Pero, en otros temas, sobre todo en la delincuencia económica, lo que ocurre es que tenemos demasiados precedentes últimamente de lo contrario. En el caso Blesa, lo que nos está oliendo muy mal es que se vaya a investigar la publicación de los correos electrónicos y no su contenido porque lo que dice la «justicia aceptada» es que esos mensajes forman parte de la intimidad del banquero.

 

No tenemos claro, pues, si Elpidio José Silva merece nuestra defensa, o no. Pero de lo que sí estamos seguros es de que a los españoles se les está hurtando el derecho a tener un relato sobre la crisis ajustado a la realidad. Y en ese relato, sin duda, Miguel Blesa tiene un lugar muy importante. No sólo él, está claro, también la red de la que formaba parte y que incluye a empresarios, sobre todo del «ladrillo», además de a políticos. No sería tan grave si no nos hubiera costado dinero. Pero es que España estuvo al borde del desastre cuando se cayó en la cuenta de que Bankia estaba quebrada. Y el país tuvo que pedir un préstamo a Europa para salvar a ésa y a otras entidades y somos los ciudadanos y no ellas quienes tenemos la responsabilidad de devolver ese dinero.

 

Un relato oficial y con culpables

 

El relato de esta crisis necesita culpables porque está dejando muchas víctimas. Ese rescate financiero ha acarreado la toma de medidas que impiden e impedirán la creación de empleo de calidad y que dejan completamente a la intemperie a quienes están en el paro o caen en manos del subempleo, esa pobre y única esperanza que nos da la presunta recuperación económica en la que se supone que estamos embarcados. Los excesos cometidos por banqueros, empresarios metidos a políticos y sindicalistas que cayeron en la tentación del dinero fácil también están en el origen del desmantelamiento del Estado del Bienestar y de la emnienda a la totalidad de la Constitución española que está, de facto, derogada, así que nadie nos la saque para defender la unidad de España, que es lo más irrelevante de su texto. Lo que han hecho sí que rompe España de veras. 

 

Pero esto es hablar por hablar o escribir por escribir. Todo el mundo empieza a tener más o menos claro que los sustantivos que mejor se ajustan para definir lo que ha sucedido en los últimos años es «estafa» o «saqueo». Pero lo que necesitamos es que todo esto se convierta en el relato oficial de la crisis y no en el «antisistema».

 

Que se hayan hecho públicos los correos de Blesa, que sigan publicándose por los medios, primero los nativos digitales, y después los de toda la vida, ayuda a que ese relato, poco a poco, se vaya convirtiendo en el oficial. Pero para conseguirlo del todo son necesarios juicios con gente condenada. Es necesario que sea el propio sistema el que ponga las condenas a quienes pusieron en peligro a todo un país. 

 

Por supuesto, nos saltamos la presunción de inocencia en este caso. Pero es que creemos que lo que ha sucedido en los últimos cinco años en nuestro país es lo suficientemente grave para que haya gente que pague por ello. Se lo pasaron muy bien en los quince años previos al estallido y nos hacen pagar la factura de sus fiestas. No sólo eso: quieren seguir pasándoselo igual de bien y que sigamos corriendo con los gastos. En esto último consiste la recuperación económica. 

 

La historia la escriben los vencedores. Si ganan ellos, impondrán su relato de la crisis. Y, ojo, según éste, la culpa no la tienen ellos, la tenemos nosotros, los ciudadanos de a pie, por haber vivido por encima de nuestras posibilidades, por haber tenido un Estado del Bienestar de lujo que no nos merecíamos. Eso dicen.

 

Epílogo: los excesos sobre Silva y el riesgo moral

 

¿No les parece que estamos hablando demasiado de Elpidio José Silva y demasiado poco de Miguel Blesa y de los culpables de la crisis? Al fin y al cabo, si el juez se ha equivocado, las consecuencias de su error han sido muy pequeños y ya ha sido castigado por ello. Incluso si somos benévolos y consideramos que lo de los gestores de Caja Madrid, Bancaja, CajaSur, Caja Castilla-La Mancha, las cajas gallegas o Caixa Cataluña fueron sólo errores de gestión cometidos sin mala fe, sólo por pura incompetencia o porque son cosas que pasan, únicamente por las enormes consecuencias de sus errores merecerían no quedar impunes.

 

¿No hablaban hace años del «moral hazard», del riesgo moral? Bien, como dice Emilio José Silva, (aquí sí le damos toda la razón) es posible que los mercados sigan aplicando una prima de riesgo más elevada a las empresas españolas por la impunidad de la que disfrutan sus gestores. Eso es lo que asegura que habrá nuevos desmanes por su parte. En eso consiste la teoría del riesgo moral. Incluso por el bien de la economía española necesitaríamos escarmentar a los gestores que nos llevaron a la ruina.