Ngoma (10): Músicas del Sahel y del Cuerno de África

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Todas las listas son incompletas, parciales y subjetivas: por eso nos gustan tanto. Por otro lado, creo que suelen ser más producto de la casualidad de lo que nos gustaría. Muchos de los artistas, libros o canciones que nos encontramos no suelen ser el fruto de una búsqueda concienzuda y premediatada. Nos movemos aleatoriamente entre las recomendaciones de nuestras amistades, artículos de prensa o programas de radio. Incluso, nos moleste más o menos, las de algún algoritmo digital que nos vigila. La lista de mujeres africanas que hoy hago es un poco todo eso, salpicada de encuentros fortuitos que me han aportado algo positivo en momentos determinados de mi vida. No pretendo establecer un canon musical sino esbozar algunas de las artistas, de las más variada procedencia, estilo y generación, que más me han llamado la atención cuando he intentado pasear por las músicas de este vasto continente que es África (ya hemos hablado de algunas de ellas en entradas previas como son Stela Chiwese, Mayra Andrade o Sona Jobarteh). Exploraremos en diferentes artículos algunas de sus zonas, pero comenzaremos el viaje por Níger, Sudán, Somalilandia, Eriteria y Etiopía.

Para arrancar, nos adentraremos en Níger, uno de los países que conforman el Sahel, ese territorio que cruza de este a oeste el sur del Sahara. En ese país, por lo que he podido leer, la industria musical es practicamente escasa y si a eso añadimos que Fatou Seidi Ghali es considerada la primera guitarrista del país, su trabajo tiene un mérito añadido. Y es que en la cultura tuareg las mujeres han formado parte de su tradición musical, pero la guitarra ha estado monopolizada por los hombres. Fatou cuenta que simplemente cogió una guitarra de su hermano y comenzó a aprender a tocarla sola. Más tarde, con el resto de su banda Les Filles de Illighadad, ha llegado a convertirse en embajadora de la música tuareg conocida como tende (de la que forman parte músicos tan famosos como los de Tinariwen o Bombino). Esta música esta cargada de la esencia nómada y desértica de este pueblo y está sustentada por los acordes de guitarras y los ritmos de los tambores tende, que sí que han sido tradicionalmente tocados por las mujeres. El disco Eghas Malan es muy evocador de la fuerza, pero tambien del misticismo del pueblo tuareg y de su relación con el desierto. Hay algo como de paz y de transcendencia detrás de las siete canciones de este disco.

Siguiendo en las inmediaciones del Sahara, viajaremos a Jartum, su capital, donde nació la artista Alsarah, que encontró la inspiración en lo que llaman la edad de oro del pop sudanés de los años 70 y de la tradición musical de Nubia. Todo ello le ha servido de base para crear lo que ella misma demonima como «East-African Retro-Pop music». Etnomusicóloga y feminista encuentra en su música una función educacional, que pueda abrir los oidos y el corazón a la tradición del este de áfrica, nodo de civilizaciones y culturas, con un legado histórico tan apasionante y rico como desconocido. Y con ganas de seguir bebiendo del exterior tal y como hace la propia Alsarah. Todo eso se puede comprobar en su disco Manara, que como ella misma y su estética neo-nubia parecen florecer del fondo del Nilo.

Y seguiremos ahora nuestro camino por el Cuerno de África. Una zona del mundo que suele llegar a nosotros en forma de noticias sobre sequías, terrorismo, hambrunas, refugiados o piratas. Pero no es lo único que podemos encontrar allí. También existe no-país en el que me pararé durante unas líneas para poder situarlo. Somalilandia no es reconocido oficialmente por ningún otro estado y forma parte de Somalia, uno de los que habitualmente encabeza la lista de los considerados fallidos. Somalilandia fue colonia británica y en 1991 se autoproclamó independiente de Somalia. Primera curiosidad: Somalilandia no es un país reconocido, pero tiene las estructuras de un estado más consolidadas que las de la propia Somalia: fuerzas de seguridad, moneda, pasaporte, una capital llamada Hargesia… e incluso alternancia en el poder sin violencia y con cierta transparencia. Es, de hecho, una de las zonas más estables de la región. Segunda curiosidad: durante años Somalia ha recibido y sigue recibiendo ayuda internacional para estabilizar su territorio sin que haya surtido ningún efecto. Somalilandia, ajena a estas donaciones y al reconocimiento internacional sigue su camino, no exento de dificultades y problemas, pero consistente. Desde este no-país, Sahra Halgan es una artista que, según ella misma, está decidida a luchar porque Somalilandia y su cultura se conozcan en el mundo. Y así lo demuestra en su disco Waa Dardaarn, donde  despliega una voz con mucha personalidad, sostenida por ritmos tradicionales y coros que transpiran un aire desértico; todo ello aderezado por una instrumentación eléctrica que le da un toque nómada que invita al movimiento.

Haciendo frontera con Somalilanda se encuentra Eritrea. Durante mucho tiempo, la única salida que Etiopía tenía hacia al mar fue este pequeño país, que se independizó tras una de las guerras más duras en África en 1991. Desde entonces no se ha aplacado un clima de tensión política entre los dos vecinos. Más atrás, Eritrea formó parte de uno de los reinos más famosos e importantes de la historia de África: el reino de Aksum. En cuanto a su música, esta comenzó a popularizarse en los años sesenta y desde entonces ha dado a músicos famosos en todo el continente, como por ejemplo Tewelde Redda, considerado como dato interesante, uno de los primeros africanos en tocar la guitarra eléctrica. Otro de esos músicos es Dehab Faytinga, eritrea de origen Kumana, una de las etnias del país y que es conocida por la igualdad de derechos que en su sociedad disfrutan hombres y mujeres. Faytinga es una de las voces más internacionales del país y es capaz de acoplar la música tradicional, como la que hace con el krar, una lira típica de la zona, con música de cuño moderno. En su disco Eritrea, además, suenan una serie de remembranzas musicales que viajan entre las dos orillas del mar Rojo. En cada una de ellas, la voz de Faytinga aparece como si fuera un verdadero canto de sirena.

Y no podemos irnos del Cuerno de África sin pasar por Etiopía, uno de los países más ricos y vastos a nivel histórico y cultural del continente. Su variedad étnica, cultural, religiosa, lingüistica es como dice Jorge Laraia «un laboratorio cultural increíble». Y la música forma parte de esta variedad inabarcable. Pero para hacerla más asequible, desde hace más de veinte años, la discográfica Buda Musique profundiza y nos muestra esa riqueza a través de la colección llamada Ethiopiques. Hasta la fecha son treinta los discos que la componen y es una muestra de valor incalculabe de la hipnótica música etíope, que mezcla lo místico con lo festivo, lo transcendental con lo cotidiano, lo puro y tradicional con lo mestizo y moderno. En el volumen 21 me topé con el piano de Emahoy Tsegué-Maryam Guèbrou, con los sonidos de unas teclas tiznadas de blues y jazz, pero también de música clásica y etíope y que, de un modo intimista y que invita a la calma, desprenden un tono entre lo introvertido y lo religioso.

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