Mientras tantoRelativo aprecio de la belleza (Toledo, Albacete)

Relativo aprecio de la belleza (Toledo, Albacete)


Tumba de Ezra Pound en el cementerio veneciano de San Michele

La ciudad más bella del mundo es Venecia antes de conocer Toledo, afirmaba el escritor norteamericano Ezra Pound, residente durante sus últimos años de vida en Venecia y enamorado de la Ciudad de los Canales. Está enterrado en la isla de San Michele, cementerio veneciano.

La apreciación de la belleza es muy relativa. Yo crecí en la ciudad más bella del mundo, según Pound, pero, en mis primeros años, Toledo no me gustaba. Yo, natural de la anodina capital albaceteña, prefería los bloques de pisos donde vivían mis tías, con balcones de sencillas y brillantes balaustradas metálicas, que me encantaban, grandemente lucientes en unos para mí muy atractivos chaflanes, aunque su conformación era en realidad muy humilde.

A Toledo la sentía como una urbe cochambrosa, un poblado arbitrario y sucio, que en realidad lo era, un conjunto de viejas casas sin color, una localidad visiblemente descuidada.

Vista de Toledo, por Isabel Pintado

Pasó el tiempo. La administración municipal mejoró el aspecto estético de la insigne ciudadela. Asistí, muy complacido, a las deslumbrantes nieblas que anegaban Toledo, sobresaliendo del gélido vapor las hermosas cúpulas. Lo que más me enganchaba era la faceta dual de Toledo, residiendo allí día tras día. Había emocionantes puestas de sol armonizadas por la dulzura resonante de las campanas, a la vez que Toledo, en ocasiones, pesaba en el ánimo como una losa.

La noche de Toledo…, la subyugante noche de la arcaica Toledo. Félix Urabayen escribía: «Toledo tiene por la noche un silencio de cementerio, una luz agonizante, un recato de fosa en los callejones desiertos.» Y el escritor navarro-toledano precisaba certeramente: «Y envolviendo la ciudad, [su noche fúnebre] la ronca plegaria del Tajo sube con tenacidad de peregrino a inundar de tristeza resignada nuestros dolientes nervios…»

El Pasaje de Lodares de Albacete. Cuadro de Miguel Cano

Albacete siguió agradándome, apreciando el conjunto urbano, extenso,  tal el Nueva York de La Mancha, como exageraba graciosamente Azorín. También Manuel Vázquez Montalbán decía lo mismo.

En Albacete sigue habiendo muchos bares y mucho comercio. Mi pobre madre, que en paz descanse, decía que Albacete era mucho mejor que la ciudad imperial por el sólo hecho de tener la cantidad de vistosos escaparates que atesora.

A Toledo la centré en un justo punto, como un conglomerado llamativo y digno. La panorámica de la vieja ciudad, vista desde el Valle, en la orilla del río opuesta a la orilla urbana, es quizá la visión más esplendorosa que ninguna otra villa del mundo posee.

 

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