‘Sharp objects’ y ‘Succession’, crueles retratos familiares

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Sharp objects y Succession, Heridas abiertas y Sucesión son dos series sobre (entre otras cosas) familias que -perdón por el cliché- son infelices cada una a su manera. Pero las dos muestran un panorama bastante completo de los males de una institución que muchas veces dista de ser el espacio idílico que nos protege porque ha sido el lugar del primer sufrimiento, el origen de un trauma o el espacio de una traición más o menos temprana.

 

Ambas historias son interesantes porque no se centran en familias de clase trabajadora cuyos conflictos pudieran derivar de carencias materiales, lo que en muchas historias se trata estupendamente, mientras que otras (es posible que las más) suelen reforzar e incidir en el estereotipo de la pobreza ligada a la maldad, a la desorganización, a vicios varios, al delito, al maltrato o a la violencia, que al final terminan culpando a las víctimas de su situación.

 

La familia de Sucesión es dueña de un emporio mediático y el de Heridas abiertas es un acomodado hogar del Estados Unidos rural.

 

En el primero de estos grupos familiares se desata una gran lucha por el poder que salta por encima de las relaciones fraternales y paterno-filiales. La ambición y la avaricia se muestran como sentimientos mucho más fuertes que el amor, aunque haya personajes que pongan de manifiesto sus conflictos internos entre las dos pulsiones, la de la de los lazos de sangre y la que les impone su hambre de poder.

 

Si en las familias empobrecidas por el capitalismo la situación material a veces vence sobre el amor, o si el desempleo o la precariedad laboral tienen a veces la capacidad de deshacer los vínculos del afecto (o impiden hasta su nacimiento), en las dinastías familiares enriquecidas en este sistema económico, el incesante ánimo de lucro, el insaciable deseo acumulativo del capital y la necesidad vital de que ello acabe catapultando a su dueño a una posición de poder político y social se pueden terminar imponiendo sobre la propia familia.

 

Si la propia existencia de la familia es una necesidad del capitalismo, hay que tener cuidado de que no sea el propio sistema económico el que acabe por aniquilarla, tanto a la pobre como a la multimillonaria.

 

En Heridas abiertas la cuestión es mucho más turbia. Y hablaremos en términos aún más abstractos para procurar no destripar la historia. Aquí la familia aparece como lugar en que se gestan las taras, los traumas, los dolores, las cicatrices físicas y anímicas; como espacio en el que hay víctimas y verdugos. Y como no hay mayor tabú que éste, que la existencia de violencia en el seno de la familia, el hogar también se convierte en el espacio del ocultamiento, la opresión, la dominación, los secretos y los silencios. O el lugar del que se huye en cuanto que se puede. Porque, casi siempre, cuando aquí decimos “familia” también queremos decir “infancia”.

 

Por supuesto, la casa familiar también es la de los afectos, la de los cuidados y la del apego, pero que a veces se vuelven tóxicos, destructivos, patológicos. Sobre todo, posiblemente, en las mujeres, porque es a ellas a las que se les impone el rol de la madre que tiene que querer de manera incondicional y cuidar. Sin las tareas ligadas a los cuidados, muchas madres sienten que pierden su razón de ser, por lo que extienden sus redes y no dejan a nadie de su alrededor sin atender. Y mandato parecido reciben las hijas para que sean amorosísimas en ese papel y estén preparadas para cuando sean ellas las que creen su propio hogar. Mientras tanto, al padre se le permite estar al margen, aislado, a sus cosas (¡y cómo se quita del medio el padre de Heridas abiertas!).

 

Ésta es una historia de la familia, de la infancia, de los dolores y malestares de género -las que sufren son, indefectiblemente, siempre, las mujeres-, de las herencias envenenadas, de la lucha por la evasión de las servidumbres que el ecosistema familiar genera y que son muy difíciles de eludir por la imposición del corazón y, sobre todo, de la cultura. Aunque no podemos dejar de mencionar la relevancia del concepto de exclusividad y el que siempre va con él, el de los celos, que desempeñan un papel tan fundamental en Heridas abiertas.

 

El final de esta serie nos remitió a la película Canino, del director griego Yorgos Lanthimos, que a su vez nos hizo pensar en la crítica de Horckheimer a la familia por su organización vertical y autoritaria.

 

 

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