Trabajo y riesgo de pobreza: una cuestión de edad

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¿De qué manera están afectando a los trabajadores las políticas que precarizan sus empleos?, ¿cómo está aumentando la pobreza entre los que trabajan?, ¿hay diferencias por edades?

 

Financial Times está publicando últimamente artículos muy interesantes sobre el nuevo mundo laboral. En particular, sobre el crecimiento del empleo precario en toda Europa, aunque especialmente en países como España. En el que publicó ayer contaba cuál es la razón que hay detrás y ésta no es otra, a juicio del articulista, que el hecho de que todas las políticas laborales en el Viejo Continente están inspiradas en la que en Alemania comenzó a implantarse a principios de los 2000: más flexibilidad laboral para reducir el paro, pero sin que la disminución de ese ejército laboral en la reserva se haya traducido en mejoras salariales. Porque la bajada del desempleo se basa en contratos flexibles y mal pagados: los famosos minijobs.

 

¿Cómo ha influido esto en la evolución del número de trabajadores pobres?

 

De acuerdo con las estadísticas de Eurostat, en Alemania, el porcentaje de trabajadores pobres mayores de 18 años ha pasado desde el 4,8% del año 2005 hasta el 8,6% de 2013. La pobreza es cuestión de edad puesto que entre los trabajadores de 18 a 24 años la pobreza ha aumentado desde el 7,2% hasta el 11,5%, mientras que entre los trabajadores de 25 a 54 años ha pasado desde el 4,5% hasta el 8,4%. La tasa de pobreza entre los más jóvenes es tres puntos superior, pero en ambos casos el avance ha sido de alrededor de cuatro puntos en los últimos años.

 

Eso ha sido lo que ha ocurrido en el país que se ha convertido en modelo. Pero, ¿y en España? El deterioro ha sido muchísimo más abrupto, muchísimo más rápido, y con una distancia muy superior entre las cohortes de edad más jóvenes y las mayores. En 2005, el porcentaje de pobres entre los trabajadores de 18 a 24 años estaba en el 8,1%, en 2007 había logrado bajar hasta el 7,5%, pero en el año 2014 había saltado hasta el 21,3%. Entre 2013 y 2014 el incremento ha sido espectacular: de prácticamente seis puntos, del 15,5% hasta el 21,3%. En Grecia, el avance fue menor en este último año: del 18,1% hasta el 20,2%; la gran subida tuvo lugar un ejercicio antes, cuando subió del 13,3% hasta el 18,1%.

 

En España, los trabajadores en riesgo de pobreza de entre 25 y 54 años han pasado de representar el 10,8% del total en 2005 a llegar al 13% en 2014. Los de 55 a 64 años, en cambio, han bajado desde el 11,3% hasta el 8,5%.

 

Otro país en el que se ha agravado el riesgo de pobreza entre los trabajadores más jóvenes ha sido en Francia. Si en 2007 alcanzaba su mejor registro con un 6,5%, en 2013 se había más que doblado la cifra, para llegar al 13,5%. Algo muy similar ha ocurrido en Italia, donde el porcentaje ha pasado del 9,5% de 2006 hasta el 15,9% de 2014, según datos provisionales.

 

En estos dos países, el incremento de la pobreza entre los trabajadores de 25 a 54 años ha sido muy inferior. En Francia, del 5,7% en 2005 hasta el 7,6% en 2013. En Italia, del 9,1% hasta el 11,3%. pero, a diferencia de lo que sucede en España, la pobreza no ha bajado entre los trabajadores mayores de 55 años.

 

¿Qué sugieren todos estos datos? Evidentemente, que el deterioro del mercado de trabajo comienza por quienes se van incorporando a él, que sufren en sus propias carnes la devaluación de condiciones laborales y salarios. En España, más, porque la tasa de paro juvenil (15-24 años) se encuentra en niveles altísimos: cerró 2014 en el 53,2%, por encima de Grecia (52,4%). En la Unión Europea (28 países) cerró el año pasado en el 22,2%. Además, el empleo que domina es el temporal. De acuerdo con cifras de la OCDE, el 69,1% de los trabajadores españoles de entre 15 y 24 años tienen contratos temporales, frente al 24% de la población general. En Portugal, el 63%; en Francia, el 57%; en Italia y en Alemania, también más del 50%.

 

A partir de aquí, cabe pensar, bien en que la pobreza de los trabajadores jóvenes será algo transitorio, que conforme pasen los años, se asienten con contratos mejor pagados. Ésa sería la hipótesis optimista, la que apunta que, al empezar, los jóvenes siempre han tenido malas condiciones de trabajo, que van mejorando con el tiempo. Pero también puede suceder que el mercado laboral del futuro se parezca mucho al que en el presente sufren las generaciones más jóvenes y que, lejos de mejorar, sean éstos los contratos que vayan arrastrando durante toda su vida laboral. En ese caso, podríamos ver, y las que vienen a continuación también son hipótesis, una igualación de las tasas de riesgo de pobreza entre todas las cohortes de edad de los trabajadores en niveles inferiores a los que ahora observamos entre los de 18 a 24 años. Esto último es peligroso, puesto que ocultaría una situación de trabajo precario generalizado que bajaría las rentas medias y, por tanto, la frontera a partir de la cual se entra en una situación de riesgo de trabajo se haría menos exigente.  

 

 

 

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