El picudo rojo devora las palmeras de Galicia, y su memoria antillana

Texto: Jorge Barrecheguren / Fotos: Yasmín Santos - 23-06-2016

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Un letrero situado al comienzo de la Ciudad Jardín de A Coruña reza: Avenida de la Habana. Placa costeada por los exresidentes en Cuba. La ciudad y el puerto herculinos han estado interconectados con América y las Antillas durante siglos, en relaciones económicas que incluyen el tráfico de tabaco, azúcar o también esclavos. Una afinidad que tenía su vertiente social: en 1931 el 7% de la población cubana era originaria de Galicia, según el historiador gallego Bernardo Máiz.

 

Muchos de ellos volvieron. La pérdida de las colonias en 1898 supone la repatriación de gran cantidad de emigrantes gallegos, algunos de los cuales habían hecho fortuna. Conocidos como indianos, tendrán un papel destacado en la vida económica y social de los lugares donde se asientan, ayudando a transformar en muchos casos las urbes. En Galicia suponen un fenómeno generalizado a lo largo de toda su franja costera, destacando especialmente su presencia en la parte cantábrica.

 

 

Una imitación del espacio

 

Hace unos noventa o cien años se plantaban en los jardines de Méndez Núñez las decenas de palmeras de variedad canaria que hoy destacan sobre el jardín, concentradas especialmente en dos hileras junto al Kiosco Alfonso, el Hotel Atlantico y el edificio la Terraza. Este conjunto era un lugar de recreo a imitación de los paseos de la Habana o Santiago de Cuba, símbolo de una nueva y pujante sociedad, y remataba un proceso comenzado cincuenta años antes con el derribo de las murallas y el inicio del relleno portuario en la cara sur del istmo herculino.

 

Al final de la céntrica playa de Riazor se fraguaba un proyecto distinto que iba a permitir a la burguesía residir cómodamente cerca del corazón de A Coruña: la ciudad jardín. Diseñada por el arquitecto Eduardo Rodríguez Losada, su construcción comienza a principios de los años veinte. Las villas más lujosas de la urbanización se concentran en la evocadora Avenida de la Habana, donde hoy el perfil de las torres y las palmas está complementado por nuevas viviendas de estilos rupturistas.

 

En el proceso imitativo llevado a cabo por el fenómeno indiano, la palmera canaria es un factor muy reconocible, no sólo por su clara relación con el urbanismo y la ciudad sino por el valor que muchos de los ejemplares más antiguos han adquirido por mérito propio. Además de los ejemplares de los jardines de Méndez Núñez, podemos ver palmeras señeras en lugares destacados de la ciudad como la Capitanía General, el Hospital del Socorro, la Tabacalera, el cementerio de San Amaro, la Hípica o Villa Felisa, entre muchos otros.

 

 

La plaga

 

Por desgracia, la imagen imponente de las antiguas palmeras puede llegar a su fin con la llegada al norte de Galicia de un insecto voraz: el escarabajo picudo rojo. Originario del sudeste asiático y asentado en la península desde 1993, este coleóptero se ha expandido por la geografía ibérica y la de muchos otros países alimentándose de estos árboles, preferentemente de la variedad canaria. El Rhynchophorus ferrugineus coloniza las palmeras, llegando a habitarlas por millares y devorándolas hasta que, no quedando más alimento, pasan a otro ejemplar.

 

Las noticias sobre el avance de la plaga nos recuerdan a una película de muertos vivientes: en Galicia es detectado por primera vez a principios de 2014 en Gondomar, al sur de la provincia de Pontevedra. A partir de ahí su avance es demoledor, llegando a finales de 2015 hasta Vilagarcía de Arousa, a las puertas de la provincia de A Coruña. Para entonces, el concello de Tui reconoce que el 90% de las palmeras de su localidad están afectadas, mientras en Vigo van muriendo los ancianos ejemplares del Areal, cementerio de Pereiró u Hotel Universal. La Estación Fitopatolóxica do Areeiro, centro dependiente de la Diputación de Pontevedra recomienda “en caso de ejemplares pequeños, estos se pueden cortar en trozos in situ y enterrar todos los restos a una profundidad no inferior a dos metros”.

 

 

El proyecto

 

El trabajo, del cual presentamos una selección de veinte fotografías, busca conservar la memoria de los ejemplares significativos de palmera canaria existentes en el municipio coruñés a través de un catálogo de fotografías que las relacionan con la arquitectura y el entorno, además de concienciar a la sociedad para demandar la coordinación de medidas que eviten su desaparición. La serie recalca la interacción social, urbanística, paisajística pero también puramente emocional que conecta estos árboles, hoy ante un peligromanifiesto, con la sociedad que los plantó.

 

Si el proyecto se convirtiera en un catálogo de seculares palmeras desaparecidas, entonces habría fracasado en parte.

 

 

 

 

Jorge Barrecheguren (Vigo, 1988) es licenciado en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela. Ha trabajado como archivero en diversos centros como el Arquivo do Reino de Galicia o el Consorcio de la Zona Franca de Vigo. En Twitter: @jbarrecheguren   

 

Yasmín Santos (Pontevedra, 1992) es fotógrafa. Técnica de laboratorio de imagen, es estudiante de Iluminación, captación y tratamiento de la imagen en A Coruña.

 

Ambos son los responsables de Morriña de Cuba, Proyecto Palmera.

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