Cartel de la película

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    ‘Mika, mi guerra de España’, documental sobre una capitana

    Fátima Margu - 14-08-2014

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    Madrid. Julio de 1936. La huelga de la construcción no lleva miras de arreglo. En Cuatro Caminos y en Chamberí, en Barrios Bajos y en Las Ventas el hambre ronda los hogares de los huelguistas. Menudean los choques en las obras. Todas las noches hay petardos y tiros. La reacción quiere quebrar la huelga a toda costa. Los señoritos de la ‘Falange’ ensayan la puntería de sus pistolas ametralladoras. Tiran desde sus coches sobre las ventanas de los sindicatos. Las calles de Madrid se llenan de rumores. Se habla de descontento de los militares…

    Primer párrafo de la obra Mika, mi guerra de España

     

     

    El pasado 19 de junio Felipe VI fue proclamado nuevo Rey de España, mientras el 6, 7 y 8 de junio se hacía presente en forma de documental Mika, mi guerra de España en Madrid. La memoria recuperada de un personaje para la historia coincide con el debate sobre monarquía o república en España; una crisis económica que no ha dejado de perfilarse en torno al 25% de desempleados, una política bipartidista deshecha en nuevos partidos de izquierda como Podemos, un escenario completamente nuevo en un país cuya imagen de la Corona poco tiene que ver con la proyectada en la Transición, además del regreso de algunas manifestaciones republicanas a la Puerta del Sol.

     

    La casualidad también ha querido que las primeras proyecciones de este filme se hayan celebrado en la cineteca del Matadero de Madrid, precisamente en la ciudad donde Mika pudo palpar el fin de la Guerra Civil, cuando finalmente las trincheras dejan de ser trincheras, en 1939. Las proyecciones de Mika se repitieron el 4 y el 11 de julio en Madrid, y después en otras ciudades españolas, como Barcelona. Mika, mi guerra de España constituye el legado de la propia Mika Feldman (Argentina, 1902), 40 años después del final de la guerra en un libro de 400 páginas. Una biografía concentrada en sus años en guerra: historia, anécdotas, dolor republicano con sabor amargo y la transfiguración de una mujer, capitana que deja a un lado el sexo para volcarse en una guerra que hace suya tras la muerte de su pareja, Hipólito Etchebéhère.

     

    La obra está plagada de párrafos descriptivos que reviven las heridas de la guerra civil española y de reflexiones y de diálogos con los milicianos del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Un corazón guerrero encarnado en un ardor poético de origen argentino capaz de recorrerse revoluciones, que se aprecia en párrafos como estos:

     

    “Da pena salir de esta casa tan buena para ir a montar guardia en las colinas, de medianoche a las seis de la mañana. Para esta guardia, la más dura, hay que presentarse voluntario. No es que haya más peligro que de día, lo que hay es frío. La paja que hemos puesto en los hoyos que nos sirven de refugio está empapada. Fuera, las piedras parecen trozos de hielo.

     

    “¿Cómo decirle a este ser ebrio de coraje, tan decidido a inmolarse para redimirnos a todos, que me niego a morir aplastada por las piedras de la suntuosa catedral, que en las cuentas de mi lucha esta eventualidad no estaba inscrita, que quiero irme, salir al aire libre, incluso si debo caer bajo las balas de las ametralladoras que tiran furiosamente contra los fugitivos?”.

     

     

    ‘Mika’ en el cine documental

     

    Esta historia ha sido documentada y llevada al cine gracias a la labor de dos directores argentinos: Javier Olivera y Fito Pochat. Olivera estudió cine en la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) y literatura en la Fundación Ortega y Gasset en España, como guionista ha colaborado en el desarrollo de proyectos para productoras de Argentina, España y Estados Unidos. Ha dirigido cine de ficción y documentales. En 2005 dirigió Al filo de la Ley, una serie de ficción para TVE protagonizada por Leonardo Sbaraglia y Emilio Gutiérrez Caba. Rodolfo Fito Pochat es egresado de la Escuela Nacional de Cine en Argentina, se ha dedicado a la producción televisiva como director de distintos canales de televisión por cable y es fundador de la casa productora Motoneta Cine, donde se desarrollan proyectos documentales para cine y televisión.

     

    “Mika ha venido a buscarnos a nosotros”, dicen los directores, cuando en el año 2007 llegan a sus manos el libro de memorias. La historia había permanecido oculta en la familia hasta que encuentran a Arnold Etchebéhère, hilo conductor y testimonio en la película, sobrino de Hipólito, el marido de la capitana. Mika, mi guerra de España pasa así a convertirse en un documental realizado por Pochat y Olivera, sobrinos nietos de Hipólito Etchebéhère. Pero tardarán cinco años en reconstruirla y en investigar en profundidad su historia. Sin embargo, los directores han respetado al máximo la mirada de esta mujer, revolucionaria de personalidad fuerte e ideas claras, que representa el poder femenino entre republicanos, una combatiente de izquierdas procedente de Argentina que antes pasaría por la Patagonia, el Berlín de los años 30 y la intelectualidad de París para encontrar en España la lucha que siempre había deseado librar con el hombre al que amaba, Hipólito Etchebéhère. “Jamás he vuelto a ver en la vida a un hombre tan luminoso”, llega a afirmar Mika.

     

     

    Revolucionarios entre los vencidos

     

    Esta pareja se integra primero en el Partido Comunista argentino. Pero fueron expulsados por su espíritu anarquista. Después de su periplo por la Patagonia para ahorrar dinero, viajan hasta Berlín para sumarse a comunistas y anarquistas. Desde ese mirador observan la debacle del movimiento obrero alemán. Su llegada a Berlín se produce en el mes de octubre de 1932, “seguros de llegar a una tierra abonada para la revolución”, como indica Mika. Asisten a las elecciones parlamentarias de noviembre de 1932, y contemplan con estupor la llegada de Hitler y del nazismo al poder. A Hipólito y a Mika no les quedará más remedio que salir de Alemania ante la pasividad adoptada por la política criminal de la Internacional Comunista.

     

    En París traban amistad con el matrimonio Rosmer que, como ellos, habían sido expulsados del Partido Comunista francés y habían constituido un grupo de oposición, inicialmente vinculado a Trotski. Pero emprenderán pronto viaje a España, el país donde encuentran la revolución por la que tanto anhelaban, materializada en la noche del 18 al 19 de julio de 1936, momento en el que estalla la Guerra Civil española.

     

    A partir de esta coyuntura histórica la película cobra sentido. La intención de sus directores reside en contar la historia de una mujer, de un líder argentino del POUM (la organización política más cercana a los ideales políticos de la pareja). La peripecia de la única mujer reconocida en su grado militar, nombrada capitana entre los republicanos.

     

    Según documenta Carlos García Velasco en el epílogo de la obra reeditada por los directores de cine argentino en 2013, Mika participó en los combates de Sigüenza, en el frente de Guadalajara, y en la defensa de Madrid hasta los primeros meses de 1937. Su relato se recoge en el documental con precisión y exhaustivamente en el libro que acompaña a la película. Como apunta Javier Olivera, “Mika pertenece a un grupo a la izquierda de la izquierda”. La protagonista lo deja muy claro al afirmar que “desde mucho tiempo atrás, se habían impuesto Hipólito y ella otro destino, el de luchar por la revolución”. Aunque a Mika también le gusta recordar con cierto romanticismo las palabras dedicadas por un miliciano a Hipólito: “el jefe está bañado de sol y de luna”.

     

     

    Un personaje para la historia

     

    Entre los primeros lectores del manuscrito de Mika se encuentra Julio Cortázar, una de sus amistades más estrechas. Para Cortázar, el obra de esta luchadora es un “libro bello, necesario y eficaz, porque testimonia algo que va más allá de la guerra de España y que toca de lleno los problemas de nuestro tiempo, su incesante desgarramiento y su invencible esperanza”. En cualquier caso, Mika declara que pertenece a la guerra porque solamente en España es pura, lejos de la intervención y de las demás politiquerías. La pasión de esta mujer son los ideales de izquierda, la justicia, el dolor de los silenciados. De los prisioneros de la catedral de Sigüenza, la voz de una mujer que se sobrepone a la muerte del amor para hacer la guerra y contarla a su manera desde la experiencia vivida. En una ocasión, un miliciano llamado Anselmo le diría: “Hay que ver lo fuerte que es una mujer cuando tiene cojones”.

     

    Cristina Banegas, actriz, directora, profesora de teatro y cantante argentina, es la encargada de dar voz a las palabras de Mika, una voz que encaja con el lirismo de las palabras de la protagonista que recoge el documental. Las entrevistas grabadas de Mika procedentes de diferentes fechas (los años setenta y los años ochenta) están cargadas de fuerza y otorgan credibilidad para documentar la biografía. El relato sincero de Arnold Etchebéhère, familiar y cercano a Mika, la fotografía, con una cuidada banda sonora, más el material de archivo de la guerra, hacen de la cinta un valioso documento histórico. Mika, mi guerra de España replantea, entre muchas otras cuestiones, el papel de las mujeres en guerra y la memoria histórica de los perdedores de la guerra civil española, silenciada a lo largo de los años y narrada ahora desde un prisma femenino.

     

    Con una voluntad inquebrantable, Mika luchó por sus convicciones hasta los 90 años. Falleció el 7 de julio de 1992 en París. Sus cenizas fueron arrojadas al Sena, como era su deseo. Su larga le permitió vivir desde dentro importantes acontecimientos que han marcado el siglo XX, como la Resistencia, y como le sucedió al llamado “el ojo de un siglo”, el fotógrafo Henri Cartier-Bresson, que recogió con su cámara muchos de ellos.

     


    Palabras de Javier Olivera

     

    —¿Cuánto tiempo han tardado en hacer el reportaje de Mika y con qué dificultades se han encontrado?

    —El libro de Mika cayó en mis manos en 2007, lo leí y me impactaron ella y su historia. A Fito le pasó lo mismo. En una reunión familiar conocí a Fito y empezamos a trabajar juntos en el proyecto. Esta historia, además de potente, tiene una connotación familiar: nosotros somos sobrinos nietos de Mika e Hipólito. Pero no sabíamos nada de ellos. La familia Etchebehere era muy conservadora. Hipólito era la oveja negra roja, malamente influenciado por Mika, que era de origen judío. Entonces toda la historia de ambos quedó oculta en la familia. Nuestro tío Arnold sabía mucho de Mika porque la conoció y fue su heredero en lo ideológico. Y por último, además de mucha documentación, quien nos ayudó mucho fue Carlos García, un historiador catalán que escribió una biografía exhaustiva de Hipólito y Mika y que nosotros publicamos en la edición argentina del libro. Así que todo el proceso llevó unos cinco años de producción concreta.  

     

    —¿Dónde han localizado los vídeos documentales de Mika y cómo contactaron con Arnold?

    —Buscamos en archivos fílmicos de Argentina, España, Italia y Alemania. Fue muy exhaustivo. Porque además de referencias o acciones concretas buscamos situaciones que contaran climas: la espera en las trincheras, situaciones de intimidad de los milicianos, rostros, etcétera. Cuidamos mucho no ilustrar lo que se dice. Luego tuvimos un par de golpes de suerte: en París conocimos a una pareja amiga de Mika que guardaban un álbum con toda su vida en fotos. Fue un momento mágico cuando Guy Prevan nos mostró el álbum. Y lo otro le pasó a Fito: había visto un pequeño fragmento de la entrevista en un documental sobre Cipriano Mera en el 2009 en Madrid. Desde entonces empezamos una búsqueda que finalmente terminó cuando a mitad del proceso de montaje de la película encontramos en un archivo en Turín la entrevista completa. Eso nos obligó a replantear toda la película. Obviamente el peso de ese material nos dio nuevas posibilidades.

     

    —¿Qué repercusión está teniendo Mika entre el público español ante el contexto en el que se encuentra España?

    —Estamos muy contentos. La gente se interesa por la historia y –lo más interesante– por debatir. Luego de las funciones se están generando debates muy potentes sobre la Guerra Civil, la interna dentro de la República que facilitó el triunfo nacional, etcétera. Creo que las heridas siguen abiertas y que por la coyuntura actual de España es necesario pensar y pensarse en términos de qué sociedad quieren construir.

     

    —¿Cuál es el fin último de vuestro trabajo sobre Mika?

    —Como narradores lo principal es contar una historia. Pero si encima, esa historia –como es éste caso– genera reflexiones sobre el compromiso, la coherencia entre las ideas y las acciones, mejor. No es una película de propaganda ni queremos bajar línea. Simplemente queremos dar a conocer esta experiencia de la Guerra desde la mirada de una mujer muy valiente, una gran humanista que luchó para intentar crear un mundo más equitativo, más fraternal. 

     

     

     

    Bibliografía y recursos documentales

     

    Mika, mi guerra de España (título original Ma guerre d’Espagne à moi). Mika Etchebéhère. Edición de Milena Cacerola (Argentina, 2013)

     

    Mika, mi guerra de España. Un documental de Fito Pochat y Javier Olivera. (Argentina, 2013).

     

     

     

     

    Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a internet y eterna alumna. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría inadvertido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar. En FronteraD ha escrito el blog La Musa Rebelde. En Twitter: @FatimaMG

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