Ilustración: Glargina Pancre

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    El tabú del suicidio. Los medios de comunicación tienen como norma no dar la noticia

    Sergi Escudero - 04-12-2014

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    El suicidio es uno de los tabús favoritos de la sociedad contemporánea. El drama que nadie quiere escuchar, pero que tampoco se trabaja lo suficiente en solucionar. Los que han decidido acabar con su vida quedan como unos incomprendidos, incapaces de superar las adversidades que les rodean, porque pocas personas se han preocupado en explicar –o no les han dejado un altavoz para explicarlo– que las causas de un suicidio van mucho más allá de eso. Que un suicidio es un rompecabezas de factores impredecibles y no tan comunes como se piensa. Ni mucho menos es habitual que las personas que se suicidan provengan de una familia desestructurada.

     

    “Es positivo hablar de un suicidio. No lleva a otro suicidio”. Esta sentencia es de Cecília Borràs, fundadora-presidenta de la asociación Després del Suicidi-Associació de Supervivents (DSAS), la primera asociación española que se dedica a ayudar y prestar servicios a los allegados de las personas que han muerto a causa de un suicidio. Luchan por romper el silencio que envuelve este asunto, para que los sistemas de prevención mejoren y que las administraciones dediquen mayores esfuerzos y recursos a la atención de los supervivientes. “Si se habla públicamente de los suicidios, las personas que están sufriendo se dan cuenta de que pueden hablar de ello, de que pueden exteriorizar sus preocupaciones”, añade.

     

    No opina lo mismo Mónica Codina, doctora en filosofía y profesora de la Deontología de la Comunicación en la Universidad de Navarra, quien explica que “la teoría del aprendizaje social fue desarrollada entre otros por el psicólogo Albert Bandura en los años setenta. Desde entonces se sabe que informar sobre suicidios incrementa el riesgo de imitación y por esta razón la praxis profesional periodística tiende a no informar sobre suicidios a no ser que éstos formen parte nuclear de una noticia. La teoría de la imitación no es una leyenda. Un estudio reciente, publicado por Madelyn S. Gould y realizado desde la Division of Child and Adolescent Psychiatry and Division of Epidemiology, de la Universidad de Columbia y el Instituto Estatal de Psiquiatría de Nueva York sigue encontrando alarmantes las correlaciones que existen entre la representación del suicidio en las informaciones o en la ficción y los procesos de imitación”. También se manifiesta en este sentido Ana Azurmendi, experta en Derecho de la Comunicación y también profesora en la Universidad de Navarra: “Se silencia, sí, pero no porque se trate de un tema tabú, sino porque se tiene miedo a no acertar en el tratamiento de la información. Aunque quizá hoy el problema de contagio o incluso de cierta presión hacia el suicidio se dé en redes sociales, donde se han advertido conductas de pacto de suicidio o  la difusión de mensajes de apología del suicidio.”

     

    Cada año mueren en España unas 3.500 personas por suicidio; más del doble que en accidentes de tráfico. Aún así, hasta ahora no existe un plan nacional para prevenir el suicidio. “Pero recientemente hemos conseguido que el gobierno estatal cree una unidad de atención para familiares de víctimas de suicidio, igual que existe para víctimas de violencia doméstica o de accidentes de tráfico”, explica Borràs. También existe el Codi Suïcidi, un plan de prevención en el ámbito catalán, capitaneado por el hospital barcelonés de Sant Pau –plan de prevención de la Dreta de l’Eixample de Barcelona– o el programa ARSUIC de la Comunidad de Madrid.

     

    La reacción más habitual de un individuo al oír la palabra suicidio parece ser mirar hacia otro lado. Pero los que no pueden hacerlo son los familiares de una persona que ha acabado con su vida. “También somos víctimas. La situación es devastadora. No sabes qué hacer, te sientes culpable, no paras de darle vueltas a la cabeza”, detalla Borràs. Gloria Cruceta, psiquiatra barcelonesa, explica, por su parte, que un “90% de los suicidios son impulsivos. Sólo entre 2% y un 5% de los suicidios son totalmente racionales y planificados. Recuerdo el caso de un paciente mío que era anestesista y que le habían diagnosticado una enfermedad neurodegenerativa. Antes de llegar a perder sus facultades decidió quitarse la vida de una manera planeada con mucha antelación. Hasta se despidió de mí la última vez que fue a mi consulta”. Ha tenido que atender a personas que habían intentado suicidarse minutos antes, pero que no habían logrado lo que pretendían. “En ese momento tienen una sensación de vergüenza muy grande. Muy pocos quieren hablar del tema, por no decir prácticamente ninguno. Es habitual que no quieran ver a nadie, que necesiten estar solos. Este hecho es difícil de entender para los familiares”. Y relata una anécdota que puede sorprender por aparentemente contradictoria. Le ocurrió hace tiempo, cuando aún se podía fumar en los hospitales. “Entré en la habitación de un chico que acababa de fallar en su intento de suicidio. Al poco rato entró un familiar que se puso a fumar. La reacción del paciente fue decirle en forma de queja que con tanto humo lo mataría. Eso significaba que había vuelto a la racionalidad de la vida. Una excelente noticia”.

     

     

    El tratamiento de los medios

     

    Los medios de comunicación no han colaborado demasiado en trabajar para solucionar las cifras alarmantes de suicidios en nuestra sociedad. Hasta no hace demasiado era considerado un tema tabú que provocaba miedo pronunciar por temor a incitar otro suicidio, o quizá por motivos más oscuros. En la actualidad cada vez afloran más los artículos sobre el suicidio en los medios con la pretensión de dialogar sobre la problemática y encontrar soluciones. Aún así, sigue siendo uno de los temas más complicados de tratar. Por ejemplo, un jefe de sección de la Agencia EFE en Barcelona asegura: “En EFE el tema de los suicidios es tabú. Por norma general se intentan obviar este tipo de informaciones, aunque en ocasiones resulta inevitable publicarlas por la trascendencia que tienen”. Pone como ejemplo la noticia del suicidio del waterpolista español Jesús Rollán. En ningún momento se menciona la palabra suicidio ni en el título –J. Rollán muere en balneario La Garriga tras caer desde terraza ni en la pieza, que comenzaba así: “El ex waterpolista olímpico madrileño Jesús Rollán falleció hoy a los 37 años tras precipitarse a la calle desde una terraza del balneario de La Garriga donde llevaba desde el mes de octubre en tratamiento médico, según ha informado hoy a EFE el Comité Olímpico Español (COE)”. En el mismo sentido se expresa una redactora jefe de la edición web de La Vanguardia, que asegura que prefiere “respetar el código de silencio” que rodea la problemática del suicidio.

     

    Por su parte, el Libro de estilo de El País dice: “el periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar porque no siempre la apariencia coincide con la realidad, y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento un estímulo de imitación. Los suicidios deberán publicarse solo cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho de interés general”.

     

    El Libro de estilo de El Mundo sentencia: “Un suicidio no debe ser noticia en sí mismo. Acaba siéndolo cuando el autor es un personaje relevante o cuando se convierte en un hecho significativo por la forma de llevarse a cabo, la edad o el problema social que se esconde detrás. A la hora de informar de un suicidio hay que tener en cuenta previamente dos cuestiones. Primera, que hay que valorar el común criterio de psiquiatras y psicólogos que nos advierten de que las noticias sobre un suicidio atrae a otras potenciales víctimas. Segunda, que no hay que precipitarse y calificar de suicidio una muerte solo por las apariencias. Hace falta profundizar en la noticia”.

     

    El Libro de estilo de RTVE dice:Especial sensibilidad. Como pauta genérica, deben evitarse las informaciones e imágenes referidas a suicidios y autolesiones de gravedad y, más aún, cuando sus protagonistas sean niños o adolescentes. En RTVE, el suicidio debe considerarse un asunto especialmente sensible, tanto en los programas de actualidad como en los de ficción.

     

    “Excepciones. Sólo de forma excepcional y por razones muy justificadas se podrá citar el suicidio como causa de una muerte, especialmente cuando se trate de personalidades relevantes o cuando revelen un hecho social de interés general.

     

    “Información responsable. La responsabilidad debe implicar, entre otros aspectos, considerar los sentimientos de los parientes, evitar la descripción detallada del método de suicidio adoptado y tener en cuenta la sensibilidad del público receptor. Aunque pueda resultar relevante indicar cómo murió una persona, proporcionar demasiados detalles podría estimular a otras personas a probar esos métodos. Descripciones explícitas también pueden acentuar el desamparo de los familiares y allegados del difunto, particularmente el de los niños.

     

    “Precauciones:

     

    “Deben evitarse explicaciones simplistas y las basadas en la especulación.

     

    “No debe justificarse el suicidio con valores morales dignos de imitarse como el valor, amor, dignidad, honor, etcétera.

     

    “No debe asociarse el suicidio a expresiones como éxito, salida, opción, solución, etcétera”.

     

    En contraposición, Manuel Rico, director de InfoLibre, asegura que  no tienen “ninguna prohibición de dar noticias sobre suicidios. Lo tratamos como cualquier otro tema. Si el dato es relevante para que el lector entienda la información, no lo ocultamos; si no es necesario, no lo decimos”.

     

    En Japón ha sido muy estudiada la influencia de los medios de comunicación masivos en las tasas de suicidios y han concluido que las imágenes visuales sobre estos actos son un poderoso estímulo para el suicidio por imitación en personalidades vulnerables, determinando incluso, la selección de métodos que no eran usuales en dicha cultura. El efecto Yukiko es un término empleado para referirse a la imitación de la conducta suicida en Japón. Esto se debe a que numerosos suicidios adolescentes y jóvenes se produjeron después de la cobertura sensacionalista del suicidio de Yukiko Okada, estrella japonesa de rock, que acabó con su vida en abril de 1986 cuando tenía solo 18 años.

     

    Entre 1983 y 1986 también se observó un incremento del número de suicidios en el tren subterráneo de Viena después de la publicación de noticias sensacionalistas sobre este tema en los medios de comunicación. Por este motivo, en 1987 la Asociación Austriaca de Prevención del Suicidio lanzó una campaña contra este tipo de cobertura periodística consiguiendo que dejaran de publicarse noticias de este tipo y como consecuencia, que se rebajara la cifra de suicidios por ese método de forma clara –80% en seis meses–.

     

    En Canadá, Reino Unido y Estados Unidos también se observaron casos similares de influencia de noticias sensacionalistas sobre suicidios que causaban un incremento en la cifra de éstos. Pero si un caso llevó a un especial incremento de suicidios éste fue el de Marilyn Monroe. Durante el mes de su suicidio, agosto de 1962, hubo 303 casos más, lo que significó un incremento del 12%.

     

    La profesora Codina explica que “el suicidio como causa de muerte puede ser tratado como un problema de salud pública. Entonces las acciones de prevención que trabajan sobre sus causas se vuelven importantes. Los medios pueden ayudar en esta dirección”. Añade que “el tratamiento de los posibles casos de suicidio, cuando tienen valor informativo, necesita ser extremadamente prudente. No siempre se puede comprobar que se ha cometido suicidio ni las razones por las que se ha cometido, y el tema es tan delicado que no admite especulaciones. La sobriedad informativa ayuda sin duda a respetar a la víctima y a sus familiares”.

     

    Por su parte, Juan Carlos Pérez, doctor en Ciencias de la Información, sociólogo y autor del libro La mirada del suicida y del blog con el mismo título, explica que “la distorsión con que algunos medios de comunicación abordan el problema del suicidio no ayuda en absoluto a tratar de prevenir este tipo de muertes. Informar correctamente sobre el suicidio exige el cumplimiento estricto de una serie de protocolos a la hora de abordar estas noticias pero no es motivo suficiente para decretar su secuestro informativo, como esgrimen irreflexivamente algunos periodistas para justificar el silencio mediático que aún rodea el suicidio. La realidad es que el tratamiento fragmentado y parcial de este fenómeno en los medios de comunicación contribuye, a su vez, a consolidar esa imagen de exabrupto excepcional y ajeno con la que construimos colectivamente la idea del suicidio”.

     

    Con sus respuestas, Pérez nos introduce en la historia de la relación entre el suicidio y los medios de comunicación: “Una de las primeras asociaciones conocidas entre estos dos aspectos surgió de la novela de Goethe Leiden des jungen Werther (Las penas del joven Werther) publicada en 1774. En esta obra, el héroe se dispara luego de un amor infortunado, y poco después de su publicación se informó acerca de muchos varones jóvenes que usaron el mismo método para quitarse la vida. Esto propició la prohibición del libro en varios lugares. De ahí el término efecto Werther, usado en la literatura técnica para designar la imitación en los suicidios”.

     

    Además, añade que “organizaciones de prensa de distintos países han publicado consejos prácticos sobre cómo abordar la noticia de un suicidio en un medio de comunicación. Entre las numerosas directrices, la mayoría enfatiza que está completamente desaconsejado dar cualquier tipo de noticia que pueda implicar información concreta sobre cómo llevar a cabo un suicidio efectivo; se recomienda por encima de todo evitar el retrato sensacionalista de los hechos; se debe poner especial cuidado también en no glorificar a la víctima ni subrayar sólo cualidades positivas del fallecido; y, entre otras cosas, se sugiere evitar la información excesiva sobre el suicidio. Este último punto es el que más discusión merece, porque resulta difícil determinar cuál es el nivel de información adecuado en un problema que se cobra casi un millón de víctimas al año en el mundo. Una cuestión clara es que no se debe insistir en cada caso concreto, pero otra muy distinta es la atención que se debe prestar al alcance general de este tipo de afecciones y muertes y la publicitación de mecanismos y recursos para prevenirlas”.

     

     

    ¿Qué recomienda la OMS?

     

    La OMS (Organización Mundial de la Salud) confeccionó un documento destinado a los profesionales de la comunicación englobado dentro de su plan SUPRE (Suicide Prevention, prevención del suicidio), su iniciativa mundial para evitar estos casos. El documento se titula Prevención del suicidio: un instrumento para profesionales de los medios de comunicación. Una de las primeras acotaciones que hace este documento es que “uno de los muchos factores que pueden llevar a una persona vulnerable al suicidio es la publicidad sobre este tema en los medios de comunicación. La forma como estos medios informan acerca de casos de suicidio puede influir en otros suicidios”.

     

    Y sigue así: “En términos generales, existe evidencia suficiente para sugerir que algunas formas de cobertura periodística y televisiva real del suicidio están asociadas con un exceso en suicidios estadísticamente significativo; el impacto parece ser mayor entre la gente joven. No obstante, los medios de comunicación no informan sobre la mayoría de los suicidios; cuando se toma la decisión de informar al público sobre un suicidio, usualmente involucra una persona, método o lugar en particular. Con frecuencia este tema es de interés periodístico y los medios de comunicación tienen derecho a informar sobre él. No obstante, los suicidios que con mayor probabilidad atraen la atención de los medios de comunicación son aquéllos que se apartan de los patrones usuales. De hecho, es impactante que los casos presentados en estos medios sean casi invariablemente atípicos y fuera de lo común y representarlos como típicos perpetúa aún más la información errónea sobre el suicidio. Los médicos y los investigadores reconocen que no existe la cobertura de noticias sobre el suicidio per se, sino cierto tipo de cobertura noticiosa que aumenta el comportamiento suicida en poblaciones vulnerables. A la inversa, ciertos tipos de cobertura pueden ayudar a prevenir la imitación del comportamiento suicida. No obstante, existe siempre la posibilidad de que la publicidad sobre el suicidio pueda hacer que éste parezca normal. Una cobertura repetitiva y continua del suicidio tiende a inducir a y promover pensamientos suicidas, particularmente entre los adolescentes y los adultos jóvenes”.

     

    Más adelante, titula un apartado ‘¿Cómo informar sobre el suicidio en general?’. En él aparecen unas cuantas directrices para los profesionales de los medios de comunicación:

     

    “Entre los temas específicos que necesitan mencionarse al informar sobre el suicidio se incluyen los siguientes:

     

    “Las estadísticas deberán interpretarse cuidadosa y correctamente.

     

    “Deberán usarse fuentes auténticas y confiables.

     

    “Los comentarios espontáneos deberán manejarse con cuidado en vista de las presiones por tiempo.

     

    “Las generalizaciones basadas en cifras pequeñas requieren particular atención y las expresiones tales como ‘epidemia de suicidios’ y ‘el lugar con mayor tasa de suicidios en el mundo’ deberán evitarse.

     

    “Se debe oponer resistencia a informar el comportamiento suicida como una respuesta entendible a los cambios o la degradación social o cultural”.

     

    Otro de los apartados se titula ‘¿Cómo informar sobre un suicidio específico?’: 

     

    “Los siguientes puntos deberán tenerse en mente:

     

    “La cobertura sensacionalista de suicidios deberá evitarse de manera diligente, particularmente cuando involucra a una celebridad. Esta cobertura deberá minimizarse hasta donde sea posible. Cualquier problema mental que la celebridad pueda haber tenido deberá reconocerse igualmente. Deberá hacerse el mayor esfuerzo por evitar exageraciones. Las fotografías de la víctima, del método empleado y de la escena del suicidio deben evitarse. Los titulares en primera página nunca son la ubicación ideal para informar sobre un suicidio.

     

    “Deberán evitarse las descripciones detalladas del método usado y cómo lo obtuvo la víctima. Las investigaciones han demostrado que la cobertura por parte de los medios de comunicación tiene mayor impacto sobre el método de suicidio adoptado, que la misma frecuencia con que ocurren los suicidios. Ciertos escenarios – puentes, acantilados, edificios altos, vías férreas, etcétera– están tradicionalmente asociados con el suicidio y la publicidad extra aumenta el riesgo que más personas los usen.

     

    “No deberá informarse acerca del suicidio como algo inexplicable o simplista. El suicidio nunca es el resultado de un solo factor o hecho. Usualmente lo causa una compleja interacción de muchos factores tales como enfermedad mental y física, abuso de sustancias, conflictos familiares e interpersonales y acontecimientos estresantes. Es útil reconocer que una variedad de factores contribuyen al suicidio.

     

    “El suicidio no deberá describirse como un método para hacer frente a problemas personales tales como bancarrota, incapacidad de aprobar un examen, o abuso sexual.

     

    “Los informes deberán tener en cuenta el impacto sobre las familias y otros supervivientes en términos del estigma y el sufrimiento psicológico.

     

    “Glorificar a las víctimas de suicidio como mártires y objetos de adulación pública, puede sugerir a las personas vulnerables que la sociedad honra el comportamiento suicida. En vez de eso, deberá ponerse énfasis en lamentar la muerte de la persona.

     

    “Describir las consecuencias físicas de intentos de suicidio (daño cerebral, parálisis, etcétera) puede actuar como elemento de disuasión”.

     

    El presidente de la Fundación Española de Psiquiatria y Salud Mental y catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Alcalá, Jerónimo Saiz Ruiz, opinaba en el artículo Una epidemia oculta, publicado en La Vanguardia en el tema de debate ‘¿Es necesario hablar del suicidio?’ que “la realidad del suicidio se mantiene, en buena parte, ignorada. Esto se debe a la falta de resonancia mediática en los medios de comunicación que, por ejemplo, nos comunican cada fin de semana en los noticiarios los muertos en las carreteras o por la violencia de género, pero omiten estas decenas de víctimas de sí mismos que las superan de largo en cifras”.

     

    Cecilia Borràs, por su parte, también participó en el debate con el texto Un tema de salud grave. En él habló especialmente de la función de los periodistas y los medios de comunicación ante este problema social: “La mayoría de periodistas, con los cuales he podido hablar, me confesaron que los manuales de estilo prácticamente prohíben tratar el tema del suicidio considerado todavía como un tabú bajo la justificación del presunto efecto contagio. Ciertamente, puede existir una relación entre el tratamiento inadecuado de la información sobre el suicidio y un posible incremento de éste en personas en riesgo. La profesión periodística tiene que reflexionar no tanto sobre si tiene que hablar o no del suicidio, sino de cómo lo están haciendo. Se observan en general dos tendencias para abordar este dramático tema en los medios de comunicación: algunos, bajo el criterio de la no-idoneidad lo silencian, mientras que otros abusan del contexto trágico del suicidio en especial cuando se trata de personajes conocidos, centrándose en detalles morbosos sobre métodos o escenarios que pueden ser susceptibles de incrementar las conductas imitativas. [...] El suicidio es un tema de salud muy grave que urge abordar entre todos y los medios de comunicación son necesarios para su correcta divulgación. El ejercicio periodístico se tiene que orientar a querer trasladar informaciones respetuosas que procuren datos fiables, opiniones autorizadas que faciliten comprensión de un fenómeno tan complejo y de sus terribles consecuencias, así como de los recursos preventivos  y del soporte que hay en nuestro entorno”.

     

    El Instituto Nacional de Estadística (INE) también redactó cuatro recomendaciones para la prevención de las muertes por suicidio, siendo de especial relevancia para los profesionales de la comunicación la última de ellas:

     

    “1. El suicidio se puede prevenir igual que los accidentes de tráfico. Por ello hacen falta políticas y programas de prevención, actualmente inexistentes en España.

     

    2. Incidir especialmente en la población anciana y adolescente.

     

    3. Proporcionar pautas prácticas de actuación a educadores, familiares, cuidadores y profesionales sanitarios.

     

    “4. Hay que difundir información veraz y científica, eliminando el oscurantismo y el estigma que se ha asociado históricamente al suicidio”.

     

     

    Connotaciones políticas                                                                             

     

    Alrededor de un millón de personas se suicidan cada año en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Es un tema que a las autoridades políticas no les conviene sacar demasiado a la luz porque demuestra el fallo del sistema. También se habla muy poco del suicidio infantil, que tiene unas cifras muy alarmantes”, sentencia la psiquiatra Glòria Cruceta. Precisamente en estos tiempos se relaciona la crisis y los casos de desesperación económica con el número de suicidios, pero para Borràs esto “es una falta de respeto y un reduccionismo. Cada suicidio encierra una historia particular detrás. No sirven los puntos comunes para explicarlo. A veces se piensa que una persona que se suicida proviene generalmente de un entorno desestructurado, y no es así”. Ni las notas de suicidio –que solo se dejan en alrededor de un 10% de casos– son un indicador demasiado fiable de los motivos por los que se ha suicidado una persona. “Cuando escriben su nota de suicidio normalmente ya no se encuentran dentro del pensamiento lógico de la vida”, dice Borràs.

     

    “En España, con el consenso de todos los partidos, se firmó una iniciativa histórica el 6 de noviembre de 2012 al aprobarse por unanimidad en el Congreso de los Diputados una Proposición No de Ley a iniciativa de UPyD destinada a promover acciones y objetivos para la prevención del suicidio. A pesar del apoyo de todos los grupos parlamentarios, dos años después la iniciativa se encuentra exactamente en el mismo punto, sin que se hubiera visto reflejada en ninguna actuación concreta. No se han puesto en marcha iniciativas concretas que coordinen la prevención combinada entre los distintos agentes sociales, que debían coordinar un esfuerzo conjunto desde la educación, la sanidad, las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación, entre otros. Son imprescindibles las campañas de concienciación para la promoción de hábitos saludables y la prevención del suicidio, así como el apoyo en el tremendo duelo que experimentan los familiares de una persona que haya muerto por suicidio, pero por el momento sólo existen iniciativas privadas de particulares a este respecto, que siguen siendo muy limitadas en su alcance”, explica Juan Carlos Pérez, autor de La mirada del suicida.

     

    Además, añade que “el número de suicidios es a menudo subestimado. El alcance de esta subestimación varía de país a país, dependiendo principalmente de las formas en que se determine el suicidio. Otras razones para la subestimación incluyen el estigma, los factores sociales y políticos y los reglamentos de las pólizas de seguros, lo que significa que puede que algunos suicidios se reporten bajo el disfraz de accidentes o muerte por causas indeterminadas. Se cree que el alcance de esta subestimación es 20”-25% en personas de edad avanzada y 6”-12% en otras. No existen a nivel mundial, registros oficiales de comportamiento suicida no fatal –intentos de suicidio–, en gran parte porque en promedio sólo es alrededor del 25% de quienes lo intentan, necesitan o buscan atención médica. Por lo tanto, la mayoría de los intentos de suicidio no se informan ni registran”.

     

     

    La religión y su condena  

     

    Por último, un ámbito que a lo largo de la historia ha acostumbrado a despreciar a las personas que han decidido acabar con su vida ha sido el religioso. “Hay que recordar que hasta el año 1983 las personas que se habían suicidado no se podían enterrar en los cementerios”, apunta Borràs. Aristóteles estaba en contra del suicidio. Una de las razones para pensar así era que consideraba que atentaba contra la ley, contra la polis. Por este motivo veía bien que las personas que se habían suicidado perdiesen algunos de sus derechos civiles. Por su parte, la religión judía y la musulmana, como la inmensa mayoría, prohíben el suicidio, con el argumento de que el cuerpo pertenece a Dios y la vida es sagrada. El cristianismo, por ejemplo, considera el suicidio como un acto personal y egoísta. San Agustín mismo llegó a decir que “quien se mata a sí mismo es un homicida”. Por otro lado, los romanos y los griegos reconocían en la antigüedad el derecho al suicidio solo a los hombres libres. Ni los niños, ni los esclavos, ni las mujeres se podían suicidar porque era visto como un atentado a la propiedad del amo.

     

    “La historia del suicidio ha estado identificada históricamente con el delito y con el pecado y, actualmente con la enfermedad mental. Con esos antecedentes se entiende mejor el estigma, el tabú y la incomprensión que aún experimentan en las familias en los que ha habido un caso de muerte por suicidio. Además, prevalecen prejuicios como que el suicidio es hereditario o inevitable, como una especie de maldición de sangre que no ayudan a un abordaje apropiado de este fenómeno. Por lo demás, es comprensible que nuestro apego a la vida nos haga incomprensible un acto que se entiende como un rechazo radical del mundo. Porque el suicidio no es sólo una forma de morir, es una acusación. Y en la incapacidad para replicar con la que nos deja el suicida radica la clave de la potencia de su acto. El desamparo es absoluto en tanto que se plantean preguntas que jamás obtendrán respuesta. Al rechazo que provoca el cuestionamiento de lo social se suma la extrema perplejidad del ámbito más cercano a la víctima y autor. La violencia dirigida hacia los demás es tan fuerte como la infligida sobre sí mismo. Y ese proceso resulta extremadamente difícil de digerir para quienes deben al mismo tiempo hacer el duelo y encajar la agresión”, escribe Juan Carlos Pérez.

     

    Todos estos factores históricos, sociales, comunicativos, periodísticos, políticos y religiosos, y otros que nos hemos dejado sin mencionar por menos frecuentes, hacen que la sociedad no haya tratado el suicidio como cualquier otro problema grave y que cueste encontrar soluciones que rebajen las cifras y el dolor de los familiares de las víctimas.

     

    “Quien se suicida no quiere morir, simplemente quiere dejar de sufrir”, concluye Borràs.

     

     

     

     

    Sergi Escudero es un periodista especializado en temática socio-política y tiene 23 años. Después de pasar por la redacciones de La Vanguardia Ara, y de aprender nuevas formas de hacer periodismo en Italia, se ha embarcado en la experiencia de trabajar como freelance. Colabora en diferentes medios. 

     

     

     

     

    Artículos relacionados y servicios de asistencia:

     

    ¿Qué vas a hacer con todo esto? Una historia familiar de suicidio, por Sergio González Ausina, que en fronterad mantiene el blog Cruce de caminos, sobre suicidio.

    El póker de Antonio Calvo, por Alberto Moreiras

     

    Asociación Madrileña de Salud Mental (ARSUIC –Programa de atención al riesgo suicida).

     

    Plan de Prevención de la Dreta de l’Eixample. Mail: [email protected].

     

    Associació Després del Suicidi- Associació de Supervivents (DSAS). Teléfono: 93 553 78 40, mail: [email protected].

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